Capítulo 2: La Habitación Oculta Reveló que la Muerte de Amelia Había Sido Construida para Esconder un Experimento Ilegal

Seguridad cerró todas las entradas del centro comercial.
Claire ordenó que nadie abandonara el edificio y mostró una tarjeta reservada para los propietarios del grupo empresarial. Los guardias se pusieron firmes.
El gerente comprendió demasiado tarde que la mujer a la que había tratado como una clienta común era la accionista mayoritaria del Meridian Mall.
Claire se volvió hacia Ryan.
—Usted no está despedido.
Después miró al gerente.
—Y nadie tocará su identificación hasta que comprendamos qué acaba de ocurrir.
El ascensor descendía a un nivel que no aparecía en ningún registro del edificio.
Claire, Ryan, el técnico y varios guardias entraron.
Lily permaneció junto a su madre, sujetando con fuerza su mano.
Al llegar abajo encontraron un corredor de cemento iluminado por luces frías. Había cables recientes, cámaras y puertas controladas electrónicamente.
En la pared aparecía el mismo sistema utilizado por el automóvil.
—Alguien convirtió este lugar en un centro de control —dijo Ryan.
El técnico abrió una de las puertas.
Detrás había una sala llena de servidores, pantallas y prototipos electrónicos. Varias cámaras transmitían imágenes en directo desde tiendas, estacionamientos y viviendas privadas.
Una de ellas mostraba la casa de Claire.
Otra, la habitación de Lily.
La niña comenzó a llorar.
—Nos estaban mirando.
Claire abrazó a su hija y se volvió hacia el gerente.
—¿Cuánto tiempo sabía que esto existía?
—No sabía nada.
Ryan señaló el suelo.
Las huellas de sus zapatos coincidían con unas marcas recientes junto a la consola principal.
El gerente perdió el color del rostro.
Finalmente confesó que había permitido el acceso a un grupo tecnológico privado llamado Helix Systems. La empresa pagaba por utilizar las instalaciones subterráneas para realizar pruebas de inteligencia artificial y control remoto.
Le aseguraron que todo era legal.
—¿Quién dirigía Helix? —preguntó Claire.
El gerente guardó silencio.
En una de las pantallas apareció el rostro de Amelia.
Tenía seis años.
Era un video antiguo.
—Mamá —decía la niña—, el señor dice que mi voz puede vivir para siempre.
Claire sintió que el mundo se detenía.
Seis años atrás, Amelia murió durante un supuesto accidente en un laboratorio escolar financiado por Helix Systems. Hubo una explosión, pero su cuerpo nunca fue entregado a la familia debido al estado de los restos.
Después de la tragedia, Claire pasó meses sin poder levantarse de la cama.
Ahora comprendía que la historia podía haber sido una mentira.
Los archivos demostraban que Helix había recopilado miles de grabaciones de Amelia. Su voz, sus gestos y sus respuestas habían sido utilizados para crear una inteligencia artificial capaz de imitarla.
Pero había algo más inquietante.
Los registros médicos indicaban que una niña había sido trasladada viva desde el laboratorio después de la explosión.
El nombre había sido borrado.
—¿Amelia sobrevivió? —preguntó Lily.
Claire apenas podía respirar.
El técnico encontró una puerta protegida por varias cerraduras.
Desde el otro lado llegó una tos débil.
Después, la misma voz infantil dijo:
—Mamá, no dejes que vuelvan a apagar las luces.
Claire corrió hacia la puerta.
El gerente intentó detenerla.
—No puede entrar ahí.
Ryan se colocó entre ambos.
—¿Por qué?
El hombre miró hacia una cámara en la esquina.
—Porque ellos todavía están observando.
En ese instante, todas las pantallas se encendieron al mismo tiempo.
Un hombre apareció desde una oficina desconocida.
Era Adrian Bennett, el antiguo esposo de Claire y padre de Amelia y Lily.
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Oficialmente había muerto en el mismo accidente que su hija.
—Hola, Claire —dijo con tranquilidad—. Sabía que algún día escucharías su voz.