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Capítulo 1: La Niña Vio un Rostro Detrás del Espejo y la Única Persona que la Creyó Descubrió una Habitación Secreta

La boutique Élan ocupaba el piso más exclusivo del Meridian Mall.

Sus suelos de mármol blanco reflejaban las luces cálidas, los vestidos estaban colocados como obras de arte y cada probador tenía enormes espejos rodeados por elegantes marcos dorados.

Maria Lopez trabajaba allí como limpiadora.

Tenía cuarenta y dos años, vestía un uniforme azul marino y llevaba años acostumbrada a ser ignorada por clientes y empleados. Sin embargo, conocía cada rincón del local y notaba inmediatamente cuando algo no estaba en su lugar.

Aquella tarde limpiaba el corredor de los probadores cuando escuchó el llanto de una niña.

—Mamá… alguien me está mirando.

Maria dejó el carrito y entró.

Lily Carter, una niña de ocho años con vestido color crema, estaba pegada a la pared opuesta. Señalaba el gran espejo frente a ella.

—Vi unos ojos —susurró—. Había alguien detrás.

Maria examinó el cristal.

Al principio parecía normal, pero cuando acercó un dedo descubrió algo inquietante: entre su dedo y el reflejo no había ninguna separación.

No era un espejo común.

Era un cristal de visión unilateral.

—Aléjate del espejo —ordenó.

Tomó el mango metálico de la fregona y golpeó una esquina.

El vidrio se agrietó.

Detrás apareció una habitación oscura llena de monitores encendidos, cables y pequeñas cámaras conectadas a todos los probadores.

Lily comenzó a llorar con más fuerza.

Maria la abrazó.

—Ya no pueden verte.

En ese momento llegó el gerente de la boutique.

Al ver el espejo roto, sujetó a Maria por el brazo.

—¡Has destruido una propiedad privada!

—¡Estaban grabando a una niña!

El hombre miró las cámaras apenas un segundo.

Después arrancó la identificación del uniforme de Maria.

—¡Estás despedida! ¡Fuera de aquí!

Maria sostuvo su mirada.

—Volvería a romperlo.

Antes de que seguridad pudiera acercarse, Evelyn Carter atravesó la multitud.

Abrazó a Lily y vio los monitores ocultos.

Su expresión se volvió fría.

—Cierren todas las puertas.

Sacó una tarjeta dorada de su bolso.

Los guardias se pusieron firmes.

El gerente perdió el color del rostro.

Evelyn era la presidenta del grupo propietario del centro comercial y la verdadera dueña de la boutique.

—Quiero saber quién controla estas cámaras.

Entonces uno de los monitores cambió de imagen.

Ya no mostraba la tienda.

Mostraba el dormitorio privado de Evelyn.

Junto a su cama había una figura oscura sosteniendo la pulsera que Lily había perdido el día anterior.

La niña se aferró a su madre.

—Ese hombre estuvo aquí ayer.

Evelyn giró lentamente hacia el gerente.

—¿Cómo conocía mi casa?

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La pantalla se llenó de interferencias.

Dentro de la sala secreta, una puerta cerrada comenzó a abrirse sola.

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