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Capítulo 1: Emma Vio el Cable Romperse y Corrió Hacia el Niño Mientras Todos los Invitados Intentaban Salvarse

El atrio central del Meridian Mall estaba irreconocible aquella tarde.

Un escenario cubierto de luces ocupaba el centro del enorme espacio. Sobre él, suspendido varios metros por encima del suelo, colgaba el prototipo de un automóvil deportivo que sería presentado por primera vez ante empresarios, periodistas y compradores exclusivos.

Las paredes de cristal reflejaban los flashes de las cámaras. Los invitados conversaban detrás de barreras doradas mientras los empleados comprobaban por última vez cada detalle.

Emma Reed trabajaba como asistente de ventas.

Tenía veintiséis años, llevaba un uniforme negro y una pequeña insignia plateada sobre el pecho. Había pasado toda la mañana guiando invitados, organizando folletos y asegurándose de que ningún niño se acercara demasiado al escenario.

Entre la multitud estaba Lucas Carter, un niño de ocho años con chaqueta azul y pantalones beige.

Su padre, Richard Carter, conversaba con varios ejecutivos a pocos metros. Lucas observaba fascinado el automóvil suspendido.

Emma iba a pedirle que retrocediera cuando vio algo caer sobre su hombro.

Polvo metálico.

Levantó la mirada.

Uno de los cables principales comenzaba a deshilacharse.

Los pequeños hilos de acero se rompían uno tras otro.

—¡Lucas, corre! —gritó.

El cable se partió.

El automóvil descendió violentamente hacia el escenario.

Emma corrió, empujó al niño fuera de la zona y lo cubrió con su cuerpo.

El impacto sacudió todo el atrio.

Las luces cayeron.

El metal se deformó.

Los cristales de varias vitrinas vibraron mientras los invitados gritaban y corrían hacia las salidas.

Lucas se aferró a Emma, llorando.

—Ya estás a salvo —le dijo ella, aunque sus propias manos temblaban.

El gerente del centro comercial atravesó los escombros con el rostro lleno de furia.

No preguntó si el niño estaba herido.

Solo miró el escenario destruido.

—¡Arruinaste el lanzamiento más importante del año!

Emma lo observó incrédula.

—¡Le salvé la vida!

El gerente arrancó la insignia de su uniforme.

—¡Estás despedida! ¡Fuera de aquí!

Lucas comenzó a llorar con más fuerza.

—No la eche. Ella me protegió.

El hombre lo ignoró.

Emma se puso de pie lentamente.

Sabía que acababa de perder el empleo con el que pagaba el tratamiento de su madre.

Aun así, respondió:

—Lo volvería a hacer.

En ese momento Richard llegó hasta ellos.

Abrazó a su hijo, revisó sus brazos y comprobó que no estuviera herido.

Después se acercó al cable roto.

Lo examinó en silencio.

—Esto no se desgastó —dijo finalmente—. Fue cortado.

El gerente perdió parte de su seguridad.

Richard levantó la mirada.

—Quiero al técnico responsable aquí. Ahora.

Los guardias cerraron las salidas.

Minutos después encontraron una chaqueta de trabajo abandonada junto al escenario. Dentro de uno de sus bolsillos había una fotografía de Lucas parado exactamente bajo el automóvil suspendido.

Emma sintió que se le helaba la sangre.

—Alguien sabía dónde estaría.

Desde el balcón superior, una figura observaba la escena.

Lentamente retiró de su cuello una acreditación idéntica a la del gerente.

Richard levantó la cabeza.

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—No cierren todavía esa puerta.

En ese instante, todas las luces del balcón se apagaron.

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