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Capítulo 1: El Automóvil Cerró sus Puertas y Ryan Rompió el Cristal Mientras Todos Discutían por su Precio

El atrio del Meridian Mall estaba lleno de invitados aquella tarde.

Bajo los enormes tragaluces, un automóvil eléctrico futurista descansaba sobre una plataforma iluminada. Su carrocería plateada reflejaba las boutiques de lujo, las cámaras de los periodistas y los rostros curiosos de cientos de compradores.

El vehículo estaba valorado en más de un millón de dólares.

Ryan Cole trabajaba como empleado del estacionamiento del centro comercial. Tenía veintiocho años, llevaba un uniforme azul marino y un chaleco reflectante. Para la mayoría de los invitados era solo otro trabajador encargado de abrir puertas y mover automóviles.

Pero Ryan conocía bien las máquinas.

Antes de abandonar sus estudios por problemas económicos, había cursado dos años de ingeniería automotriz. Por eso, cuando escuchó una serie de pitidos irregulares procedentes del vehículo de exhibición, levantó inmediatamente la mirada.

Dentro se encontraban Claire Bennett y su hija Lily.

Claire era una empresaria de treinta y nueve años, vestida con un elegante traje beige. Había asistido al evento como una de las principales inversionistas del proyecto.

Lily, de ocho años, estaba sentada junto a ella con un vestido rosa.

De repente, las puertas se bloquearon.

Las luces del tablero comenzaron a parpadear.

Una nube blanca salió de las rejillas de ventilación y llenó el interior.

Lily golpeó el cristal.

—¡Mamá, no puedo respirar!

Claire intentó abrir la puerta, pero ninguno de los controles respondía. El vehículo tampoco permitía bajar las ventanas.

Los invitados comenzaron a gritar.

Algunos empleados buscaron al técnico.

Otros sacaron sus teléfonos para grabar.

Ryan corrió hacia la plataforma.

Intentó abrir la puerta desde fuera, pero el sistema rechazó cada comando.

—¡Aléjense del cristal! —gritó.

Tomó el martillo de emergencia de una caja cercana y golpeó la ventanilla lateral.

El gerente del centro comercial apareció entre la multitud.

—¡No toques ese coche!

Ryan golpeó otra vez.

El cristal se agrietó.

—¡Cúbranse la cara!

Al tercer impacto, la ventana se rompió.

Ryan metió el brazo, accionó el desbloqueo mecánico y abrió la puerta. Primero sacó a Lily y después ayudó a Claire a salir.

Ambas cayeron sobre la plataforma tosiendo.

Claire abrazó a su hija mientras Ryan se aseguraba de que pudiera respirar.

El gerente llegó furioso.

No preguntó por la niña.

Solo miró la ventana destruida.

—¡Has arruinado un automóvil de un millón de dólares!

Ryan lo observó incrédulo.

—¡Iban a morir ahí dentro!

El hombre arrancó la identificación de su uniforme.

—¡Estás despedido! ¡Fuera del centro comercial!

Ryan sabía que necesitaba aquel empleo.

Aun así, respondió:

—Lo volvería a hacer.

Claire levantó lentamente la mirada.

Antes de que pudiera hablar, un técnico conectó un escáner al vehículo.

Su expresión cambió.

—El bloqueo fue activado a distancia.

Claire se puso de pie.

—¿Desde dónde?

El técnico revisó los datos.

—Desde una sala subterránea que no aparece en los planos oficiales.

El gerente comenzó a retroceder discretamente.

Entonces los altavoces del automóvil se encendieron.

Una voz infantil atravesó el silencio.

—¿Lily… puedes oírme?

Claire quedó completamente inmóvil.

Conocía aquella voz.

Era la voz de Amelia, su hija mayor.

La niña que había muerto seis años atrás.

Detrás de la plataforma, un ascensor subterráneo se abrió lentamente.

No había nadie dentro.

Solo oscuridad.

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Claire susurró:

—Esa voz murió hace seis años.

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