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Capítulo 2: El Distintivo Condujo a Ethan Hasta el Campamento Oculto del Guardabosques Desaparecido

La figura desapareció antes de que Jack pudiera distinguir su rostro.

La osa soltó un gruñido y se colocó delante del osezno, protegiéndolo.

Después retrocedió lentamente hacia el bosque.

Antes de marcharse, miró una última vez a Ethan.

No parecía una amenaza.

Parecía una invitación.

Jack recogió el distintivo.

En la parte posterior estaban grabadas las iniciales de su hermano.

S.C.

No había dudas.

—¿Cómo lo consiguió la osa? —preguntó Ethan.

Jack cerró los dedos alrededor de la placa.

—No lo sé.

Samuel había desaparecido durante una investigación sobre cazadores furtivos. La versión oficial afirmaba que sufrió un accidente cerca del río y fue arrastrado por la corriente.

Pero Jack nunca creyó completamente aquella historia.

Su hermano conocía cada sendero del bosque.

También había enviado una última nota antes de desaparecer.

“Encontré algo más grande de lo que imaginábamos. No confíes en nadie de la oficina.”

La policía revisó el área durante semanas.

No encontró a Samuel.

Tampoco halló su equipo, su arma o el distintivo.

Aquella noche, Ethan no pudo dormir.

Pensaba en la figura entre los árboles.

En la osa.

Y en la placa que había aparecido después de nueve años.

A la mañana siguiente descubrió huellas junto a la cerca.

Eran demasiado grandes para pertenecer al osezno.

La osa había regresado.

Junto a las marcas había una pequeña tira de tela verde.

Jack la reconoció.

Era parte del antiguo uniforme de Samuel.

—Quiere que la sigamos —dijo Ethan.

—Es un animal.

—Entonces ¿por qué trajo la placa y esto?

Jack no tenía una respuesta.

Avisó a la oficina del sheriff, pero el nuevo jefe descartó la historia.

—Los osos recogen objetos. No significa nada.

Jack notó algo extraño en su reacción.

El hombre no pareció sorprendido al escuchar el nombre de Samuel.

Pareció preocupado.

Padre e hijo decidieron entrar en el bosque solos.

Siguieron las huellas durante casi dos horas. El sendero los llevó hasta una zona que Jack nunca había explorado porque un desprendimiento había bloqueado el acceso años atrás.

La osa los esperaba entre los árboles.

El osezno caminaba junto a ella.

Cuando los vio, no huyó.

Comenzó a avanzar.

Ethan y Jack la siguieron manteniendo la distancia.

Finalmente llegaron a una pequeña cabaña oculta entre las rocas.

La puerta estaba cubierta de ramas.

Dentro encontraron una cama improvisada, latas vacías, mapas y fotografías de hombres transportando animales muertos en camiones sin identificación.

También encontraron la mochila de Samuel.

Jack cayó de rodillas.

—Estuvo aquí.

Ethan abrió uno de los cuadernos.

Las últimas páginas describían una red de caza ilegal protegida por funcionarios locales. Samuel había descubierto que algunos agentes ayudaban a los cazadores a evitar controles.

Antes de entregar las pruebas, alguien lo atacó.

Había sobrevivido herido durante varias semanas en el bosque.

Una frase se repetía en el cuaderno:

“La osa de la cicatriz vuelve cada noche. Me trae comida. Mantiene a los hombres lejos.”

Ethan miró al animal.

Una larga cicatriz cruzaba uno de sus hombros.

La osa había protegido a Samuel.

Pero el cuaderno terminaba abruptamente.

No explicaba dónde estaba.

Entonces escucharon un ruido detrás de la cabaña.

La misma figura oscura apareció entre los árboles.

Jack levantó la pistola de bengalas.

—¡Salga de ahí!

El hombre avanzó lentamente.

Tenía una barba larga, ropa hecha jirones y una profunda cicatriz en el rostro.

Jack dejó caer el arma.

—Samuel…

El hombre levantó los ojos.

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Y respondió con una voz que parecía no haber sido utilizada durante años:

—Hermano.

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