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Capítulo 2: La Puerta Oculta Reveló que el Casino Había Sido Construido Sobre una Desaparición que Todos Creían Resuelta

Arthur ordenó evacuar el salón.

Nadie podía abandonar el edificio hasta que seguridad revisara todas las entradas y salidas. El gerente protestó, pero los guardias ya no obedecían sus órdenes.

Obedecían a Arthur.

Maria permaneció cerca del agujero.

Todavía llevaba el uniforme gris, aunque su placa continuaba en la mano del gerente.

—¿Quién es usted realmente? —preguntó.

Arthur observó el compás.

—El hombre que cometió el error de confiar este lugar a las personas equivocadas.

Treinta años atrás, Arthur había diseñado el Crown Palace junto con su hermano menor, Jonathan Collins.

Arthur se encargó de la arquitectura.

Jonathan consiguió inversionistas y dirigió la construcción.

Sin embargo, pocas semanas antes de la inauguración, Jonathan desapareció.

La policía encontró su automóvil abandonado en el desierto. Dentro había sangre y una nota que parecía indicar que había decidido quitarse la vida tras descubrir graves problemas financieros.

Nunca apareció su cuerpo.

Arthur quedó destrozado.

Abandonó Las Vegas y entregó la administración del casino a una junta encabezada por Richard Hale, padre del gerente actual.

Desde entonces rara vez regresaba.

Pero durante los últimos meses había recibido mensajes anónimos.

Decían que partes del edificio habían sido modificadas sin autorización.

Que trabajadores desaparecían después de preguntar por los niveles subterráneos.

Y que alguien utilizaba habitaciones no registradas bajo la zona VIP.

Arthur había acudido esa noche para investigar.

La caída de la pasarela reveló lo que alguien había intentado mantener oculto.

El arquitecto jefe descendió con dos guardias.

La puerta de acero tenía una cerradura antigua conectada a un sistema moderno. Alguien había actualizado el mecanismo recientemente.

—Necesitamos abrirla con cuidado —dijo.

Los golpes volvieron a escucharse.

Maria se acercó al borde.

—Hay una persona viva.

El gerente intentó marcharse.

Arthur lo detuvo con la mirada.

—¿Adónde vas?

—A buscar ayuda.

—La ayuda ya está aquí.

Los guardias revisaron su chaqueta.

Encontraron una tarjeta magnética y una pequeña llave.

La llave abrió la primera cerradura de la puerta.

El gerente comenzó a sudar.

—No sé cómo llegó eso a mi bolsillo.

Maria recordó entonces algo.

Varias noches había visto al gerente entrar en el ascensor de servicio llevando bandejas de comida. Siempre decía que eran para una reunión privada.

Pero regresaba solo.

—Usted alimentaba a alguien —dijo.

El hombre guardó silencio.

La puerta se abrió lentamente.

Detrás había un pasillo estrecho iluminado por luces frías. En el suelo aparecieron cajas de agua, medicinas y platos usados.

Al final del corredor encontraron una habitación cerrada.

Dentro estaba un hombre anciano.

Tenía el cabello completamente blanco, una barba larga y las piernas debilitadas por años de encierro.

Cuando Arthur lo vio, dejó caer el compás.

—Jonathan…

El hombre levantó lentamente la cabeza.

—Hermano.

Arthur cayó de rodillas.

Jonathan estaba vivo.

Durante treinta años todos habían creído que había muerto.

El gerente intentó correr.

Seguridad lo sujetó antes de que alcanzara el ascensor.

Jonathan señaló al hombre con una mano temblorosa.

—Su padre me encerró aquí.

Después miró a Arthur.

—Y él continuó vigilándome cuando Richard murió.

El gerente comenzó a gritar que todo era mentira.

Pero dentro de la habitación encontraron grabaciones, documentos y cuadernos escritos durante décadas.

Jonathan había descubierto que Richard Hale desviaba dinero de la construcción del casino. También utilizaba materiales baratos y falsificaba informes de seguridad.

Cuando Jonathan amenazó con denunciarlo, Richard preparó su falsa desaparición.

Lo encerró en una sala de mantenimiento creada fuera de los planos oficiales.

Durante años lo mantuvo vivo para obligarlo a firmar transferencias y documentos.

Cuando Richard murió, su hijo heredó el secreto.

Arthur tomó uno de los cuadernos.

En la última página había una frase escrita pocos días antes:

“La mujer de la limpieza escucha los golpes. Tal vez sea mi única oportunidad.”

Maria se quedó inmóvil.

Durante meses había oído ruidos débiles bajo el suelo.

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El gerente siempre le decía que eran tuberías.

Ahora comprendía que alguien había estado pidiendo ayuda.

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