Capítulo 3: El Verdadero Enemigo Nunca Había Salido del Palacio

El rey ordenó cerrar completamente el castillo.
Ningún noble podía abandonar el edificio.
Mientras los guardias registraban los pasillos, Eleanor permanecía junto a Oliver.
Por primera vez desde que llegó, el niño dejó de sentirse solo.
La carta fue examinada por los historiadores reales.
Confirmaron que el papel, la tinta y el sello pertenecían realmente a la reina Isabella.
No existía ninguna falsificación posible.
Oliver era, al menos, el niño que Isabella intentó proteger.
Pero todavía faltaba responder una pregunta.
¿Quién había intentado matarlo?
Un anciano capitán retirado pidió hablar.
Recordaba perfectamente la noche del incendio.
Confesó que recibió la orden de abandonar su puesto minutos antes de que comenzaran las llamas.
Aquella orden llevaba el sello del Consejo Real.
Sin embargo, el rey jamás la firmó.
Al revisar antiguos registros, descubrieron que varios documentos habían sido alterados durante años.
Alguien dentro del palacio había sustituido órdenes, destruido archivos y eliminado testigos.
Entonces Eleanor recordó el medallón.
En su parte interior había una inscripción diminuta.
No era un nombre.
Eran unas coordenadas.
Guiados por ellas, encontraron una pequeña capilla abandonada bajo el ala más antigua del castillo.
Allí descansaba un cofre escondido desde hacía más de una década.
Dentro había diarios de la reina, documentos oficiales y una lista de nobles implicados en la conspiración.
Todos estaban muertos...
Excepto uno.
El Gran Chambelán.
El mismo hombre que llevaba más de treinta años sirviendo junto al rey Adrian.
Cuando los guardias fueron a detenerlo, descubrieron que había desaparecido minutos antes.
Sobre su escritorio solo encontraron una nota.
"No podían ocultar la verdad para siempre."
Mientras el reino intentaba comprender lo ocurrido, Oliver comenzó a adaptarse lentamente a su nueva vida.
Nunca pidió una corona.
Nunca exigió un título.
Solo quería saber quién era realmente.
Eleanor decidió permanecer a su lado.
No como princesa.
Sino como la hermana que creyó haber perdido para siempre.
El rey Adrian pidió perdón públicamente por haber condenado al niño sin escucharlo.
Aun así, sabía que su mayor error no había sido desconfiar de Oliver.
Había sido confiar durante tantos años en las personas equivocadas.
Semanas después, mientras restauraban la antigua capilla, apareció un pasadizo oculto que conducía fuera del palacio.
En el suelo encontraron un velo negro idéntico al de la misteriosa mujer.
Junto a él había una pequeña carta dirigida únicamente a Eleanor.
Solo contenía una frase.
"Cuando llegue el momento, dile a Oliver que su madre no murió sola."
La princesa sintió un nudo en la garganta.
Miró hacia el bosque que rodeaba el castillo.
Por primera vez comprendió que la historia aún no había terminado.
Si Anna no había muerto sola...
Entonces alguien más conocía toda la verdad.
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Y seguía observando al heredero perdido desde las sombras.
FIN