Capítulo 2: La Marca Prohibida Reveló un Secreto Enterrado Durante Diez Años

Nadie volvió a sentarse.
Los músicos dejaron sus instrumentos.
Los guardias rodeaban a Oliver sin saber si protegerlo o arrestarlo.
El rey Adrian descendió lentamente desde el estrado.
Se detuvo frente al niño.
Durante unos segundos observó la marca sin decir una palabra.
Después ordenó cubrir nuevamente su hombro.
—Las marcas pueden falsificarse.
Eleanor negó inmediatamente.
—No esa.
Cuando era pequeña, había tenido un hermano menor llamado Gabriel.
Desapareció durante un incendio en una residencia de verano cuando apenas tenía unos meses de vida.
El reino lloró su muerte.
Nunca apareció un cuerpo.
Solo una cuna quemada.
Desde entonces, Adrian prohibió volver a mencionar aquel nombre.
Oliver escuchó con atención.
—Mi madre nunca dijo que yo fuera príncipe.
Solo decía que algún día debía encontrar a una mujer llamada Eleanor.
La princesa sintió un escalofrío.
—¿Cómo se llamaba tu madre?
El niño bajó la cabeza.
—Nunca me dijo su verdadero nombre.
Solo la conocía como Anna.
Vivían escondidos en pequeños pueblos. Cambiaban constantemente de lugar y evitaban a cualquier persona relacionada con el reino.
Antes de morir por una enfermedad, Anna le entregó una pequeña bolsa de cuero.
Dentro había una carta sellada.
Pero le hizo prometer que solo la abriría delante de la princesa.
Oliver sacó la bolsa.
Uno de los consejeros intentó arrebatársela.
Eleanor lo detuvo.
Abrió cuidadosamente el sello.
Dentro encontró una carta escrita con la caligrafía de la reina Isabella, su madre, fallecida hacía más de diez años.
Las primeras líneas hicieron que sus manos comenzaran a temblar.
“Si esta carta llega a Eleanor, significa que no pude proteger al segundo heredero.”
El salón entero quedó en silencio.
El rey Adrian cerró los ojos durante un instante.
Era la escritura de la reina.
No podía negarlo.
La carta explicaba que, la noche del incendio, alguien intentó asesinar al pequeño Gabriel para eliminar cualquier rival en la línea sucesoria.
Una joven sirvienta llamada Anna logró escapar con el bebé.
La reina aceptó fingir la muerte del niño para salvarle la vida mientras descubría quién estaba detrás de la conspiración.
Pero murió antes de encontrar al responsable.
Oliver miró al rey.
—Ella dijo que usted sabría qué hacer.
Adrian no respondió.
En ese momento, uno de los guardias encontró un viejo medallón oculto entre las pertenencias del niño.
Llevaba el escudo original de la familia real grabado en su interior.
Solo existían dos.
Uno permanecía en la cámara real.
El otro había desaparecido junto con el príncipe Gabriel.
Entonces sonó una voz desde el balcón.
—Llegaron demasiado tarde.
Todos levantaron la vista.
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La mujer del velo había regresado.
Pero antes de que alguien pudiera alcanzarla, desapareció nuevamente entre los corredores secretos del palacio.