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CAPÍTULO 3: EL SECRETO DEL ARCHIVO B

Su verdadero nombre era Gabriel Carter.

Hermano gemelo de Michael.

Los dos habían trabajado en Proyecto Orpheus.

Pero el proyecto nunca había sido simplemente un estudio médico.

Blackwood buscaba identificar patrones biológicos hereditarios capaces de predecir ciertas respuestas neurológicas.

Michael descubrió que el programa estaba utilizando información de familias enteras sin consentimiento.

Cuando intentó denunciarlo, alguien falsificó su muerte.

Laura estaba embarazada.

Y desapareció de Blackwood inmediatamente.

Gabriel ayudó a protegerla.

Pero entonces Daniel preguntó:

—¿Por qué mi expediente dice “Sujeto 17”?

Nadie respondió.

Gabriel miró a Clark.

—Díselo.

Clark cerró los ojos.

Daniel no había sido seleccionado después de nacer.

Había sido observado desde antes.

Michael era uno de los investigadores con un patrón biológico extremadamente raro.

El proyecto quería comprobar si podía heredarse.

El embarazo de Laura se convirtió en una oportunidad.

—Mi padre nunca habría permitido eso.

—No lo hizo —respondió Gabriel.

Por eso intentó destruir Orpheus.

La noche en que supuestamente murió, Michael robó una copia completa del proyecto.

Después desapareció.

—Entonces está vivo.

Gabriel guardó silencio.

Daniel entendió la respuesta.

—Tú no lo sabes.

—No.

El monitor comenzó a vibrar.

Una tercera partición acababa de desbloquearse.

La pantalla mostró un archivo:

PARA DANIEL.

Era un video.

Un hombre apareció frente a la cámara.

Michael Carter.

Más joven.

Cansado.

Pero indudablemente parecido a Daniel.

—Si estás viendo esto, hijo, significa que Orpheus volvió a encontrarte.

Daniel sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas.

Era la primera vez que escuchaba la voz de su padre.

Michael explicó que el monitor no solo guardaba información.

Era una llave.

Contenía pruebas suficientes para destruir el proyecto.

Pero había un problema.

Una parte de los archivos había sido cifrada utilizando datos biométricos de Daniel.

—Nunca quise que fueras parte de esto —decía Michael—. Pero ellos tomaron esa decisión antes de que pudieras elegir.

Daniel miró a Clark.

—¿Quiénes son “ellos”?

Clark no respondió.

Evelyn sí.

—El consejo fundador de Blackwood.

Su propia familia había pertenecido a él.

Evelyn había descubierto años después parte de la verdad y llevaba tiempo intentando localizar el Archivo B.

Por eso reconoció inmediatamente el monitor.

Por eso tuvo miedo.

Pero Gabriel reveló algo todavía peor.

—El proyecto nunca terminó.

Ava abrió uno de los armarios.

Dentro había expedientes recientes.

Estudiantes actuales.

Fotografías.

Historiales médicos.

Datos familiares.

El último expediente llevaba el nombre de Ava Collins.

Ava palideció.

—¿Yo también?

Clark miró hacia la puerta.

—Por eso intentaba mantenerlos separados.

Daniel lo observó.

—¿Nos humilló delante de todos para protegernos?

—No.

Clark respiró profundamente.

—Lo hice porque alguien me ordenó quitarte el monitor.

Silencio.

—¿Quién?

Clark señaló lentamente hacia arriba.

—Alguien que sabía que Evelyn vendría personalmente si veía ese dispositivo.

Las luces del Archivo B se apagaron.

Las puertas se cerraron.

El monitor de Daniel volvió a activarse.

Una transmisión en directo apareció en una pantalla antigua.

Mostraba el aula que acababan de abandonar.

Una sola persona estaba sentada en el escritorio del profesor.

Un hombre.

Daniel se acercó.

Gabriel dejó de respirar.

—Michael…

El hombre levantó la cabeza.

Era idéntico al padre del video.

Esta vez envejecido.

Vivo.

Daniel tocó la pantalla.

—Papá…

Michael miró directamente hacia la cámara.

—Daniel, si Gabriel está contigo, aléjate de él.

Daniel retiró la mano.

Todos miraron a Gabriel.

Su expresión cambió.

—Michael está mintiendo.

La transmisión continuó.

—Tu tío no te protegió. Él creó Orpheus.

Daniel retrocedió.

Gabriel dio un paso hacia él.

Ava se interpuso.

Entonces apareció otra figura detrás de Michael en la pantalla.

Una mujer.

Daniel reconoció inmediatamente su rostro.

Era Laura Carter.

Su madre.

La mujer que Daniel había visto morir seis años atrás.

Daniel quedó completamente inmóvil.

—Mamá…

Laura se acercó a Michael y miró hacia la cámara.

—Daniel, escucha con atención.

El monitor comenzó a emitir una alarma.

—Uno de los dos hombres está diciendo la verdad.

Gabriel golpeó la puerta.

—¡No la escuches!

Laura continuó:

—Pero ninguno de ellos es tu padre.

Daniel sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

La pantalla se apagó.

Y desde algún lugar detrás de los archivadores llegó el sonido de una puerta abriéndose.

Una voz masculina susurró:

—Ahora ya podemos decirle quién es realmente.

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Daniel se giró.

FIN… POR AHORA.

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