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Capítulo 1: Emily Detuvo la Función Más Importante del Año para Salvar a la Mujer que Todos Obligaban a Seguir Cantando

El Gran Teatro Hale brillaba aquella noche como nunca antes.

Las lámparas doradas iluminaban los balcones, las cortinas rojas ocultaban un escenario lleno de músicos y cientos de invitados elegantes esperaban el regreso de Victoria Hale, la cantante de ópera más famosa de su generación.

A sus sesenta y ocho años, Victoria llevaba casi una década sin presentarse en público.

Aquella función no era solo un estreno.

Era su despedida definitiva.

Emily Carter trabajaba como asistente detrás del escenario. Tenía veintitrés años, llevaba un uniforme negro, el cabello castaño recogido en una coleta y una pequeña identificación plateada sobre el pecho.

Había crecido en hogares de acogida y no conocía a su familia biológica. Solo conservaba un antiguo collar que apareció con ella cuando fue abandonada siendo bebé.

Aquella noche, Emily ayudaba a Victoria a acomodar su vestido color burdeos.

La orquesta comenzó a tocar.

El director de escena levantó la mano.

—Treinta segundos.

Victoria dio un paso hacia la cortina.

De pronto, se detuvo.

Llevó una mano al pecho y comenzó a respirar con dificultad.

—Señora Hale —dijo Emily—, ¿se encuentra bien?

Victoria intentó responder, pero no pudo.

Su rostro perdió el color.

Emily presionó inmediatamente el botón de emergencia que detenía el mecanismo de las cortinas.

La música se interrumpió.

Los motores dejaron de funcionar.

El director corrió hacia ellas.

—¡Has detenido el estreno!

Emily sostuvo a Victoria para evitar que cayera.

—¡No puede respirar!

—La función debe continuar. Los médicos pueden verla después de la primera escena.

Emily lo miró horrorizada.

—Podría morir antes de llegar al escenario.

Recordó haber visto un inhalador dentro del bolso de Victoria. Lo tomó, ayudó a la cantante a usarlo y pidió asistencia médica.

Poco a poco, Victoria comenzó a respirar de nuevo.

Abrió los ojos y sujetó la mano de Emily.

—Me salvaste…

El director no mostró alivio.

Arrancó la identificación del uniforme de la joven.

—¡Estás despedida!

Emily sintió que el pecho se le cerraba. Necesitaba aquel empleo para pagar el alquiler y terminar sus estudios.

Aun así, respondió:

—Volvería a detener la función.

Victoria se incorporó con ayuda.

Después abrió un pequeño compartimento escondido en su abanico y sacó una llave dorada.

—Este teatro pertenece a mi familia —dijo con voz firme—. Y aquí nadie despide a una empleada por salvarme la vida.

El director palideció.

Victoria miró al jefe de seguridad.

—Abran el camerino de Elena.

Durante treinta años, aquella habitación había permanecido cerrada.

Nadie entraba.

Nadie preguntaba.

La llave giró dentro de la antigua cerradura.

Al abrirse la puerta, encontraron polvo, vestidos cubiertos con telas y fotografías antiguas.

Pero sobre el espejo había una imagen reciente.

Mostraba a Emily caminando por el teatro con el collar de Elena alrededor del cuello.

—Nunca estuve aquí —susurró la joven.

Entonces un viejo reproductor comenzó a funcionar por sí solo.

Una voz femenina llenó la habitación:

—Victoria… si Emily abre esta puerta, no le digas quién es su madre.

Detrás de una de las cortinas se escuchó un movimiento.

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Victoria perdió todo el color del rostro.

—Elena murió hace treinta años…


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