Capítulo 2: El secreto que Ethan había intentado enterrar

Clara no esperó.
Caminó hacia la puerta del sótano.
Ethan se colocó delante de ella.
—No bajes.
Aquellas dos palabras cambiaron todo.
Clara lo miró fijamente.
—Entonces sabes quién está ahí.
—No es tan sencillo.
—Apártate.
Lily permanecía abrazada a su vestido.
Clara abrió la puerta.
Una escalera estrecha descendía hacia un nivel subterráneo antiguo, construido mucho antes de que la mansión se convirtiera en un lugar para bodas.
Las luces estaban apagadas.
Ethan la siguió.
—Clara, por favor.
Ella bajó.
Al final encontró un corredor de piedra.
Había una puerta de metal cerrada con una cadena.
Desde dentro llegó otro golpe.
—Clara…
Su corazón se detuvo.
—Papá, ¿eres tú?
Silencio.
Después:
—No confíes en Ethan.
Ella se volvió.
Ethan estaba detrás.
Pálido.
—Abre esa puerta —ordenó Clara.
—No puedo.
—Ábrela.
—No tengo la llave.
Lily señaló su bolsillo.
—Sí la tienes.
Ethan quedó inmóvil.
La niña había visto algo antes.
Cuando encontró al hombre, Ethan había bajado al sótano y cerrado la puerta.
Lily lo observó desde detrás de una columna.
Ethan metió una llave negra en el bolsillo interior de su chaqueta.
Clara extendió la mano.
—Dámela.
Él no se movió.
—Clara, si abres esa puerta ahora, vas a destruir nuestra boda.
—Si mi padre está detrás de ella, nuestra boda ya está destruida.
Ethan finalmente sacó la llave.
Clara abrió.
Dentro había un hombre de unos sesenta años.
Delgado.
Barba gris.
Cabello largo.
Una cicatriz atravesaba su frente.
Tenía las manos atadas.
Clara dejó caer la llave.
—Papá…
El hombre levantó la cabeza.
Era William Whitmore.
Estaba vivo.
Clara corrió hacia él.
Lo abrazó mientras lloraba.
Durante varios minutos no pudo hablar.
Después miró a Ethan.
—Explícame esto.
William lo hizo antes.
—Ethan no me secuestró hace ocho años.
Clara se quedó inmóvil.
—¿Qué?
Su padre respiró profundamente.
La noche del supuesto accidente, William descubrió que su hermano menor, Richard Whitmore, estaba desviando millones del patrimonio familiar.
Richard controlaba varias empresas junto con inversionistas externos.
William planeaba denunciarlo.
Pero antes de poder hacerlo, su automóvil fue saboteado.
Sobrevivió.
Sin embargo, Richard hizo creer a todos que había muerto.
Durante años lo mantuvo oculto en diferentes propiedades.
—¿Por qué? —preguntó Clara.
—Porque necesitaba mi firma para mover parte de la fortuna.
Clara miró a Ethan.
—¿Y él qué tiene que ver?
William cerró los ojos.
Ethan había trabajado como abogado junior para Richard cinco años atrás.
Fue entonces cuando descubrió que William estaba vivo.
Intentó ayudarlo.
Pero Richard amenazó con matar a Clara si decía algo.
Ethan decidió acercarse a ella.
Al principio, supuestamente para protegerla.
Después se enamoró.
Clara retrocedió.
—¿Me conociste por mi tío?
Ethan no respondió.
—Dímelo.
—Sí.
Aquella palabra fue peor que cualquier mentira.
Clara sintió que el mundo se partía.
Toda su relación había comenzado por una misión.
—¿Ibas a contarme algo de esto?
—Después de la boda.
Clara soltó una risa amarga.
—¿Después?
William explicó que Ethan llevaba meses planeando sacar a Richard del negocio familiar.
Había conseguido trasladarlo secretamente a la mansión esa mañana porque Richard jamás imaginaría que William estaría escondido debajo del lugar donde se celebraba la boda.
Pero alguien descubrió el plan.
—¿Quién? —preguntó Clara.
William miró hacia arriba.
—Tu tío ya está aquí.
En ese momento se escucharon pasos.
Varios hombres bajaban por la escalera.
Ethan empujó a Clara y Lily detrás de él.
Richard Whitmore apareció acompañado por dos guardias privados.
Vestía un traje gris y sonreía.
—Qué reunión tan emotiva.
Clara lo miró con odio.
—Intentaste matar a mi padre.
Richard negó.
—Intenté salvar la familia.
—Lo mantuviste prisionero ocho años.
—Tu padre iba a destruir todo lo que construimos.
Ethan dio un paso adelante.
—Se acabó, Richard.
Richard sonrió.
—No exactamente.
Sacó un teléfono.
En la pantalla aparecía el salón principal.
Todos los invitados.
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Y varias puertas cerrándose automáticamente.
—Si William sale de este sótano, nadie sale de la mansión.