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Capítulo 1: El hombre encerrado bajo la boda

Clara Whitmore caminaba deprisa por el pasillo privado de la mansión.

Al otro lado de las grandes puertas blancas, los invitados ya estaban sentados. La música de la ceremonia flotaba suavemente desde el salón principal y el sol de la tarde atravesaba los altos ventanales, tiñendo de dorado el suelo de piedra.

Clara intentaba respirar con calma.

Tenía veintiocho años y llevaba un vestido de satén color champán, mangas largas transparentes y un pequeño velo de perlas.

En pocos minutos iba a casarse con Ethan Reed.

El hombre al que amaba desde hacía cuatro años.

Todo debería haber sido perfecto.

Pero cuando Clara estaba a punto de llegar a las puertas de la ceremonia, escuchó unos pequeños pasos corriendo detrás de ella.

—¡No entres!

Clara se volvió.

Lily Carter, la niña de siete años encargada de llevar las flores, corrió hacia ella y abrazó su pierna.

Estaba llorando.

Clara se agachó inmediatamente.

—¿Qué pasa, cariño?

Lily respiraba con dificultad.

—No puedes entrar todavía.

—¿Por qué?

La niña abrió lentamente la mano.

Sobre su palma había un viejo gemelo de plata.

Clara dejó de respirar.

En el centro estaba grabado el escudo de la familia Whitmore.

Un león rodeado por dos ramas de laurel.

Clara conocía aquella pieza.

Su padre había llevado un par idéntico durante toda su vida.

Después de su muerte, solo encontraron uno.

—¿Dónde encontraste eso?

Lily miró hacia el corredor de servicio.

—El hombre del sótano me dijo que te lo diera.

Clara sintió que un escalofrío le recorría la espalda.

—¿Qué hombre?

—No sé cómo se llama.

Clara tomó el gemelo.

Sus dedos comenzaron a temblar.

—Este era de mi padre.

William Whitmore había muerto ocho años atrás.

Su automóvil fue encontrado destruido junto a una carretera de montaña.

El cuerpo quedó tan quemado que la familia decidió no verlo.

La policía cerró el caso como accidente.

Desde entonces, Clara había guardado el único gemelo recuperado del vehículo dentro de una caja.

El que Lily acababa de entregarle era el segundo.

—Dijo que tú lo reconocerías —susurró la niña.

En ese momento apareció Ethan.

Llevaba un esmoquin azul medianoche con solapas negras.

Se acercó a Clara y colocó una mano sobre su hombro.

—¿Todo bien?

Clara levantó la mirada.

—Lily dice que un hombre en el sótano le dio esto.

Abrió la mano.

Ethan vio el gemelo.

Solo durante un segundo.

Pero Clara lo notó.

Su rostro cambió.

La mandíbula se tensó.

Sus ojos perdieron la calma.

Después intentó sonreír.

—Debe ser una copia.

Clara lo miró.

—No lo es.

Ethan dirigió la vista hacia Lily.

—¿Quién te lo dio?

La niña retrocedió ligeramente.

—El hombre dijo que tú lo perdiste…

Lily señaló el corredor oscuro.

—…cuando lo encerraste allí.

El silencio cayó sobre los tres.

Clara giró lentamente hacia Ethan.

—¿Qué acaba de decir?

—Está confundida.

—Tiene siete años, Ethan. No está inventando esto.

Él dio un paso hacia ella.

—Clara, escúchame.

Un fuerte golpe metálico resonó al final del pasillo.

Venía de la puerta que conducía al sótano.

Lily empezó a llorar.

—Todavía está ahí abajo.

Otro golpe.

Más fuerte.

Clara apretó el gemelo.

Entonces escucharon una voz masculina.

Débil.

Ronca.

Pero reconocible.

—Clara…

Ella quedó paralizada.

Había escuchado aquella voz miles de veces durante su infancia.

—Papá…

Ethan cerró los ojos.

Y Clara comprendió algo terrible.

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Su prometido no parecía sorprendido.

Parecía asustado.

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