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Capítulo 2: El hombre al que Margaret había declarado muerto

El desconocido avanzó hacia la luz.

Era un hombre de unos sesenta y tantos años.

Cabello gris.

Traje oscuro.

Un bastón de madera en la mano izquierda.

Helen se llevó una mano a la boca.

—Señor William…

Emily miró a Daniel.

—¿Quién es?

Daniel tardó en responder.

—Mi tío.

Margaret dio un paso atrás.

—No puede ser.

William Carter sonrió con tristeza.

—Eso dijiste también hace dieciocho años.

Daniel explicó lo que nunca se había atrevido a contar.

La villa no había pertenecido originalmente a su padre.

Pertenecía a William, hermano mayor de Richard Carter.

William era quien había comprado la propiedad cuando la familia todavía no tenía la fortuna actual.

Después permitió que Richard y Margaret vivieran allí.

Pero dieciocho años atrás ocurrió una ruptura.

William descubrió que Margaret estaba utilizando dinero de una empresa familiar para comprar propiedades a escondidas.

Cuando quiso denunciarla, sufrió un accidente.

Su automóvil fue encontrado destruido junto a un río.

Nunca encontraron el cuerpo.

Margaret convenció a todos de que había muerto.

Después presentó documentos que transferían la villa a Richard.

—¿Eran falsos? —preguntó Emily.

William asintió.

—Sí.

Margaret golpeó la mesa.

—¡Tú desapareciste!

—Porque alguien intentó matarme.

Silencio.

William miró directamente a Margaret.

—Y tú sabes quién.

Daniel apretó la mandíbula.

—¿Mamá?

Margaret negó.

—No fui yo.

—Entonces ¿quién?

William explicó que después del accidente despertó en un hospital bajo otro nombre.

Tenía varias fracturas y pérdida parcial de memoria.

Tardó meses en reconstruir lo ocurrido.

Cuando intentó regresar, descubrió que alguien había contratado investigadores para encontrarlo.

Así que desapareció voluntariamente.

Durante años reunió pruebas.

Pero había algo más.

—¿Por qué regresar ahora? —preguntó Emily.

William la miró.

—Por ti.

Emily quedó inmóvil.

Margaret cerró los ojos.

—No.

William sacó una fotografía antigua.

Mostraba a una joven mujer delante de la villa.

Emily la reconoció.

—Es mi madre.

Su madre, Sarah Bennett.

Había muerto cuando Emily era adolescente.

William asintió.

Sarah había trabajado como arquitecta junior en la reconstrucción de la villa.

También había sido la persona que descubrió varias irregularidades en los documentos de propiedad.

—¿Qué tiene que ver eso conmigo?

William le entregó otra hoja.

Sarah había recibido una participación legal en la propiedad como pago por su trabajo.

No una cantidad enorme.

Pero suficiente para convertirla en copropietaria.

Después de su muerte, esa participación debía pasar a Emily.

Emily miró a Margaret.

—Entonces yo ya tenía derechos sobre esta casa antes de casarme con Daniel.

Margaret no respondió.

William continuó.

Margaret había encontrado aquellos documentos años atrás.

Los escondió.

Cuando Daniel empezó a investigar la propiedad meses antes, descubrió que algo no cuadraba.

Contactó con abogados.

Y así encontró a William.

—Por eso sabías que la casa no era de ella —dijo Emily.

Daniel asintió.

—Sí.

—¿Y por qué no me lo dijiste?

—Quería confirmar todo primero.

Emily sintió dolor.

No porque Daniel la hubiera traicionado.

Porque todos a su alrededor parecían saber fragmentos de su historia excepto ella.

William colocó el documento original sobre la mesa.

—La villa pertenece legalmente a tres partes.

A él.

A Daniel, por la herencia de Richard.

Y a Emily, por Sarah.

Margaret no aparecía como propietaria.

Solo como residente autorizada mientras Richard estuviera vivo.

Richard había muerto seis años atrás.

Legalmente, Margaret llevaba años viviendo allí sin derecho permanente.

Daniel miró a su madre.

—Entonces cuando dijiste que era tu casa…

William terminó:

—Era otra mentira.

Margaret comenzó a temblar.

Pero de pronto dijo:

—William no te está contando todo.

Daniel frunció el ceño.

—¿Qué falta?

Margaret señaló a Emily.

—Pregúntale por qué Sarah recibió esa participación.

William guardó silencio.

Emily lo notó.

—¿Por qué?

Margaret sonrió con amargura.

—Porque Sarah no era solo su arquitecta.

Daniel miró a William.

Emily dejó de respirar.

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Y William finalmente dijo:

—Tu madre era mi esposa.

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