CAPÍTULO 2 — “Está viva…”

La lluvia seguía cayendo sobre la carretera.
Pero para Javier, todo parecía haberse quedado en silencio.
Miró nuevamente el teléfono.
El mensaje seguía allí.
Había sido enviado desde el número de Elena.
No había ninguna explicación.
No había ninguna llamada.
Solo aquellas palabras.
Javier levantó la mirada hacia el inspector.
“¿Por qué me escribiría eso?”
Diego no respondió.
“¿Dónde está mi hija?”
“Señor Morales, necesitamos mantener la calma.”
“¡Mi hija está viva!”
Javier comenzó a caminar hacia el automóvil destrozado.
Diego intentó detenerlo.
“No puede acercarse.”
“¡Necesito encontrarla!”
“Ya hemos revisado el vehículo.”
Javier se detuvo.
Miró el coche.
Después miró nuevamente su teléfono.
“Entonces alguien está usando su teléfono.”
Diego no contestó.
Javier volvió a acercarse.
Las luces de emergencia se reflejaban sobre el capó deformado.
Se agachó junto al lado del conductor.
Algo llamó su atención.
Debajo del asiento había un pequeño objeto.
Javier estiró la mano y lo sacó.
En cuanto lo vio, su expresión cambió.
Era algo que pertenecía a Elena.
Pero Javier lo sostuvo de tal manera que nadie pudo identificarlo.
“¿Por qué estaba esto aquí?”
Diego permaneció en silencio.
Javier lo miró.
“Dígame la verdad.”
El inspector no respondió.
En ese momento, uno de los agentes que se encontraba junto a los vehículos de emergencia recibió una transmisión por radio.
Escuchó durante unos segundos.
Su rostro cambió.
Después levantó lentamente la cabeza.
Miró directamente hacia Javier.
Javier lo notó.
“¿Qué acaba de decir?”
El agente bajó la radio.
“Nada.”
“Le he preguntado qué acaba de decir.”
El agente miró al inspector.
Diego tampoco respondió.
Javier sintió que algo terrible estaba ocurriendo delante de él.
Entonces su teléfono volvió a vibrar.
Una vez.
Después otra.
Javier bajó la mirada.
Sus ojos se abrieron lentamente.
No dijo nada.
Diego se acercó.
“¿Es otro mensaje?”
Javier no respondió.
Seguía mirando la pantalla.
Su rostro había perdido completamente el color.
La paramédica observaba desde unos metros de distancia.
Javier levantó finalmente la mirada.
Una lágrima recorrió su rostro.
“Está viva…”
Diego frunció el ceño.
“¿Quién?”
Javier apretó el teléfono contra su pecho.
“Mi hija.”
Todos quedaron en silencio.
Javier volvió a mirar hacia el sedán destrozado.
Si Elena estaba viva…
Si nunca había estado dentro del coche…
Entonces alguien había conducido aquel vehículo.
Alguien había provocado el accidente.
Y alguien seguía utilizando el teléfono de Elena.
Javier dio un paso hacia el automóvil.
Pero se detuvo.
Porque una última pregunta apareció en su mente.
Si Elena estaba viva…
¿por qué estaba intentando advertirle que no confiara en la policía?
Javier miró al inspector.
Diego lo observó sin decir una palabra.
La lluvia continuó cayendo.
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Y el teléfono de Javier volvió a vibrar.
CORTE A NEGRO.