Capítulo 3: El Trono de la Verdadera Heredera

Los guardias se acercaron a Celeste.
Ella gritó, luchó, pero ya era tarde.
La máscara de la nobleza había caído.
El rey se volvió hacia Mara otra vez.
Esta vez no como monarca…
Sino como padre.
Se arrodilló frente a ella.
El salón entero contuvo la respiración.
—No te encontré antes… porque no supe ver a quienes sufrían delante de mí —dijo con dolor—. Pero si me lo permites… quiero empezar ahora.
Mara temblaba.
—Toda mi vida fui nadie… —susurró.
El rey negó con lágrimas en los ojos.
—No. Fuiste mi hija desde el primer latido.
El silencio se rompió.
Por primera vez, nadie se rió.
Los nobles se arrodillaron lentamente.
No por miedo.
Sino por vergüenza.
El rey colocó su manto real sobre los hombros de Mara.
No como símbolo de poder impuesto…
Sino como reconocimiento tardío.
Mara miró el salón que una vez la humilló.
Y por primera vez, no sintió frío.
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Sintió destino.
El fénix en su piel brilló suavemente, como si el fuego por fin hubiera encontrado su lugar en el mundo.