Capítulo 2: El Secreto del Fuego Real

El rey avanzó entre la multitud congelada.
Sus ojos temblaban como si estuviera viendo un fantasma que había esperado toda su vida.
—Mi hija… —susurró.
Mara retrocedió.
—No… yo no soy nadie.
Pero el rey ya estaba llorando.
Sacó un antiguo colgante dorado.
El mismo fénix.
El mismo símbolo que ardía sobre la piel de la joven.
—Este sello solo aparece bajo el agua helada… —dijo con voz rota—. Fue puesto en ti cuando naciste.
El salón entero se estremeció.
Celeste dio un paso atrás.
Por primera vez, su arrogancia se rompió.
Y entonces la verdad cayó como una espada.
—No debiste sobrevivir al incendio —escupió Celeste.
El silencio se volvió muerte.
—¿Tú… lo hiciste? —preguntó el rey.
Celeste sonrió, rota por dentro.
—Mi madre inició el fuego… yo terminé lo que ella empezó.
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Mara sintió que el mundo se derrumbaba.
Toda su vida había sido construida sobre cenizas… provocadas por quienes más confiaba.