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CAPÍTULO 2 — Solo una persona tenía las llaves

El agente volvió a reproducir el vídeo.

Esta vez amplió una pequeña zona del interior del coche.

Había un objeto colgado del espejo retrovisor.

Lucía lo vio.

Su rostro se quedó completamente pálido.

“Eso…”

El policía la miró.

“¿Qué ocurre?”

Lucía dio un paso hacia atrás.

“Eso estaba en mi coche.”

El agente volvió a mirar la imagen.

El objeto era pequeño, pero Lucía lo reconocía perfectamente.

No podía haber aparecido allí por casualidad.

Alguien había entrado en su coche.

Alguien había conducido su coche.

Y esa persona parecía tener exactamente su misma apariencia.

La radio del policía comenzó a emitir interferencias.

Una voz habló rápidamente al otro lado.

El mensaje no pudo entenderse por completo.

El agente dejó de mirar a Lucía.

Su expresión cambió.

Lucía lo notó.

“¿Qué han dicho?”

“Nada importante.”

Pero su tono indicaba lo contrario.

El agente guardó el dispositivo.

Después se acercó a Lucía.

“Necesito que me diga una cosa.”

“¿Qué?”

“¿Quién tiene una copia de las llaves de su coche?”

Lucía se quedó inmóvil.

No respondió inmediatamente.

Miró hacia el suelo.

Después levantó lentamente la cabeza.

“Solo una persona.”

“¿Quién?”

Lucía iba a responder.

Pero entonces miró hacia Diego.

Él estaba evitando su mirada.

Lucía comprendió que no era una coincidencia.

“Espera…”

El agente siguió la dirección de sus ojos.

Diego retrocedió un paso.

“Yo no he hecho nada.”

Lucía lo miró fijamente.

“¿Cómo sabías lo de las llaves?”

Diego no contestó.

En ese instante, el dispositivo del policía emitió un sonido.

Había llegado un nuevo mensaje.

El agente lo leyó.

Su expresión cambió por completo.

Levantó la mirada hacia la calle.

Lucía siguió sus ojos.

Al otro lado de la carretera había un vehículo oscuro.

Estaba estacionado bajo la lluvia.

El motor permanecía encendido.

Alguien estaba sentado detrás del volante.

El rostro era imposible de distinguir a través del parabrisas mojado.

Lucía sintió que las piernas comenzaban a temblarle.

“No puede ser…”

El vehículo comenzó a moverse.

Muy lentamente.

El policía llevó una mano hacia su equipo.

Diego permaneció completamente inmóvil.

Lucía no podía apartar los ojos del automóvil.

La grabación mostraba a una mujer idéntica a ella conduciendo su coche.

Alguien tenía una copia de sus llaves.

Y ahora alguien parecía haber venido directamente a buscarla.

El vehículo avanzó por la calle.

Lucía retrocedió un paso.

“¿Quién es?”

Nadie respondió.

El coche se acercaba.

Lucía miró al policía.

Después miró a Diego.

Y finalmente volvió a mirar el vehículo.

Por primera vez comprendió que quizá el accidente nunca había sido un accidente.

Quizá alguien había utilizado su coche para incriminarla.

Quizá la mujer de la grabación no era una desconocida.

Y quizá la persona que estaba acercándose conocía perfectamente su secreto.

El automóvil continuó avanzando bajo la lluvia.

Lucía permaneció inmóvil.

El parabrisas seguía ocultando el rostro del conductor.

Justo cuando el vehículo estaba a punto de llegar hasta ellos…

CORTE A NEGRO.

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La única pregunta que quedó en el aire fue:

¿Quién estaba conduciendo el coche de Lucía… y por qué alguien estaba dispuesto a volver para encontrarla?

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