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CAPÍTULO 1 — La mujer que conducía su coche tenía su mismo rostro

Lucía Romero pensaba que aquella tarde sería como cualquier otra.

La lluvia había terminado hacía pocos minutos y las calles de Madrid todavía estaban cubiertas de pequeños charcos que reflejaban las luces de los semáforos.

Pero cuando salió de su coche, vio inmediatamente que algo no estaba bien.

La parte delantera de su pequeño automóvil estaba dañada.

A pocos metros, otro vehículo esperaba junto a la carretera.

Y un policía estaba examinando los restos de la colisión.

Lucía se acercó lentamente.

El agente levantó la mirada.

“¿Es usted Lucía Romero?”

Ella asintió.

“Sí.”

El hombre miró nuevamente su dispositivo.

“Su coche aparece relacionado con el accidente.”

Lucía frunció el ceño.

“Pero yo no estaba allí.”

El policía permaneció serio.

“Una cámara captó el vehículo.”

Lucía sintió que el corazón comenzaba a acelerarse.

“Eso es imposible.”

El agente le mostró una grabación.

En las imágenes aparecía su coche atravesando una intersección minutos antes del accidente.

Lucía observó la pantalla.

Después negó lentamente con la cabeza.

“Ese no era yo.”

“Entonces, ¿por qué huyó?”

“¡Porque alguien me robó el coche ayer!”

El policía levantó la mirada.

Lucía continuó rápidamente.

“Lo denuncié. Puede comprobarlo.”

Durante unos segundos, nadie habló.

Diego Salas, el conductor del otro vehículo, observaba la conversación desde unos metros de distancia.

Parecía nervioso.

Demasiado nervioso.

El agente volvió a revisar la grabación.

Después recibió un segundo archivo de una cámara situada en otra calle.

La reproducción comenzó.

El coche de Lucía aparecía nuevamente.

Esta vez se podía distinguir mejor a la persona que conducía.

Una mujer.

La misma complexión.

El mismo cabello.

La misma postura.

Lucía se quedó mirando la pantalla.

El policía giró el dispositivo hacia ella.

“Esta es la persona que conducía.”

Lucía sintió un escalofrío.

“No soy yo.”

“Se parece mucho a usted.”

Lucía negó con la cabeza.

“Porque esa mujer no soy yo.”

El policía amplió la imagen.

La lluvia golpeaba el parabrisas del vehículo y ocultaba parcialmente el rostro.

Pero había algo extraño.

La conductora parecía conocer perfectamente el coche.

Movía las manos sobre el volante como alguien que lo había conducido muchas veces.

Lucía observó la imagen durante varios segundos.

Entonces su expresión cambió.

“Espere.”

El policía detuvo la grabación.

Lucía señaló la pantalla.

“Ese coche estuvo en mi casa anoche.”

El agente la miró sorprendido.

“¿Está segura?”

“Sí.”

Antes de que pudiera explicar más, Diego se acercó.

“Señor agente… creo que deberíamos dejar esto.”

El policía giró lentamente hacia él.

“¿Por qué?”

Diego abrió la boca.

Pero no respondió.

Su rostro había perdido el color.

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Lucía lo observó.

Y por primera vez comenzó a sospechar que aquel hombre sabía mucho más de lo que estaba diciendo.

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