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Capítulo 2: La Verdad Sobre la Madre de Elena Reveló que la Familia Hale Había Construido su Fortuna Sobre una Traición

Adrian llevó a Elena al despacho privado.

Vivian intentó acompañarlos, pero él cerró la puerta delante de ella.

—Necesito saber todo sobre tu madre —dijo.

Elena explicó que había crecido con una mujer llamada Rosa Brooks. Rosa nunca afirmó ser su madre biológica, pero la había criado desde que era bebé.

Antes de morir, le entregó la pulsera.

También le confesó que su verdadera madre se llamaba Amelia.

Adrian cerró los ojos.

Amelia Carter era su hermana menor.

Veintiocho años atrás había desaparecido después de enamorarse de un trabajador de la familia Hale. Sus padres aseguraron que había abandonado el país llevándose dinero de la empresa.

Adrian jamás creyó aquella versión.

—Mi hermana nunca te abandonó —dijo con la voz quebrada—. La hicieron desaparecer.

La prueba de ADN confirmó la verdad pocos días después.

Elena era hija de Amelia Carter.

Sobrina de Adrian.

Y heredera directa de una parte importante del patrimonio Carter.

La investigación reveló algo todavía peor.

Amelia había descubierto que la familia Hale desviaba dinero de empresas asociadas. Vivian, entonces una joven asistente, ayudó a falsificar documentos para acusarla de robo.

Cuando Amelia amenazó con denunciarlo, fue encerrada durante meses en una clínica privada bajo una identidad falsa.

Logró escapar y entregó a su hija a Rosa para protegerla.

Murió poco después debido a las secuelas del encierro.

Vivian había encontrado años más tarde los archivos que demostraban la existencia de Elena.

En lugar de contar la verdad, hizo que la joven fuera contratada como empleada dentro de la mansión.

Quería vigilarla.

Humillarla.

Y asegurarse de que jamás comprendiera quién era.

Adrian enfrentó a Vivian delante de toda la familia.

—Sabías quién era mientras la obligabas a limpiar tus zapatos.

Vivian intentó defenderse.

—Si ella regresaba, perdíamos el control de la empresa.

Elena la observó con lágrimas contenidas.

—No me trataste como una sirvienta porque no supieras quién era.

Hizo una pausa.

—Lo hiciste precisamente porque lo sabías.

La sonrisa de Vivian desapareció por completo.

Adrian colocó los documentos sobre la mesa.

—Desde este momento quedas fuera de la compañía y de esta propiedad.

Vivian miró a los invitados buscando apoyo.

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Nadie se movió.

Por primera vez, la mujer que había disfrutado viendo a Elena de rodillas era quien no tenía ningún lugar al que aferrarse.

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