Capítulo 2: La Carta que Caleb Nunca Terminó de Leer

Grace no pudo dejar de mirar la fotografía.
Katherine y Beatrice parecían hermanas.
No enemigas.
No conspiradoras.
Hermanas.
—¿Por qué nunca lo preguntaste? —dijo Grace.
Caleb bajó la cabeza.
—Porque tenía miedo de la respuesta.
Robert lo miró con dureza.
—Te casaste con ella sin saber si era culpable de algo.
Caleb sacó entonces un sobre viejo.
—No fue solo la fotografía. Fue esto.
Grace abrió la carta.
La letra era de Beatrice.
Caleb, si estás leyendo esto, algo salió terriblemente mal.
Hay cosas que Katherine no sabe. Por favor, no la culpes por mis decisiones. Si algo me ocurre, promete encontrar la verdad antes de odiar a la persona equivocada.
Grace levantó la mirada.
—Esto dice que no culpes a Katherine.
—Faltaba la segunda página —susurró Caleb—. Durante años pensé que alguien la había quitado.
—¿Y creíste que Katherine sabía dónde estaba?
—No sabía qué creer.
En la habitación de invitados, Katherine contó su propia verdad.
Beatrice había sido su mejor amiga.
La había ayudado cuando su padre murió, cuando su madre enfermó y cuando no podía pagar la universidad.
—Beatrice me salvó la vida —dijo Katherine—. Y una semana antes de irse, me hizo prometer que si Caleb venía buscando respuestas, yo no debía decirle dónde estaba.
Grace frunció el ceño.
—¿Irse? Entonces… ¿Beatrice no desapareció?
Katherine negó lentamente.
—No. Se fue.
Antes de que Grace pudiera preguntar más, unos faros iluminaron las cortinas.
Un SUV negro entró por la verja.
Katherine palideció.
—No… él me encontró.
—¿Quién? —preguntó Grace.
—Victor Ashcroft —susurró—. La razón por la que Beatrice huyó.
El hombre apareció en la puerta minutos después. Traje gris, cabello plateado, maletín de cuero. Hablaba con una educación tan pulida que parecía amenaza.
—Busco a Katherine Ellis —dijo.
Grace se interpuso.
—No entrará.
Victor no discutió.
Sacó un sobre.
—Esto pertenece a Caleb.
En el frente, escrito con tinta azul, se leían cinco palabras:
Para Caleb, si me voy.
Caleb reconoció la letra.
Era Beatrice.
Dentro había dos fotografías, una carta y una pequeña llave de plata atada con una cinta azul.
La segunda página.
La página perdida.
Caleb leyó con voz temblorosa.
Beatrice explicaba que su hermano menor, Daniel Morgan, no había muerto en un accidente. Había descubierto documentos financieros relacionados con empresas constructoras ilegales. Antes de entregarlos, alguien lo sacó de la carretera.
El responsable no era Katherine.
No era Beatrice.
Era Richard Ellis.
El tío de Katherine.
El hombre que la había criado.
El filántropo respetado de Oakhaven Springs.
Katherine se quedó sin color.
—No… él me crió.
Victor bajó la voz.
—Y también enterró la verdad.
La llave pertenecía a un casillero en la estación Ashford.
Allí estaban los documentos de Daniel.
Contratos.
Fotos.
Nombres.
Pruebas.
Entonces las luces se apagaron.
La casa quedó en oscuridad.
Un vidrio se rompió en la parte trasera.
Frank miró por la ventana y palideció.
—Hay hombres entrando por la verja.
Grace corrió hacia el cristal.
Bajo la lluvia, inmóvil junto a un SUV negro, estaba Richard Ellis.
May you like
No había venido a conversar.
Había venido por la llave.