Capítulo 2: Las dos mujeres que llevaban el mismo nombre

Ethan canceló inmediatamente la ceremonia.
No dio explicaciones a los invitados.
Pidió a seguridad que cerrara el ala privada.
Isabella intentó detenerlo.
—Vas a destruirlo todo.
—Si hay una niña escondida diciendo que no eres su madre, ya está destruido.
Sophie permanecía junto a Ethan.
Uno de los guardias encontró una pequeña puerta de servicio detrás del gran espejo.
La abrieron.
Había un pasillo estrecho.
Al fondo encontraron a una mujer sentada en el suelo.
Tenía la misma cara que Isabella.
Pero estaba herida.
Su ropa estaba rota.
Cuando vio a Sophie, comenzó a llorar.
—Mi amor.
Sophie corrió hacia ella.
—¡Mamá!
Ethan se quedó inmóvil.
La mujer abrazó a la niña.
Después levantó la mirada.
—Ethan.
Él sintió algo extraño.
La conocía.
No sabía de dónde.
Isabella apareció detrás.
—No le creas.
La mujer herida respondió:
—Claro que dirías eso.
Seguridad separó a ambas.
Ethan preguntó:
—¿Quiénes son?
La mujer herida habló primero.
—Mi nombre es Elena Moreau.
Isabella negó.
—Yo soy Elena.
Sophie gritó:
—¡No!
Ethan recordó algo.
Isabella nunca le había mostrado demasiadas fotografías de su infancia.
Siempre evitaba hablar de su familia.
Solo decía que su hermana gemela había muerto cuando eran adolescentes.
Ethan miró a ambas.
—¿Son gemelas?
La mujer herida asintió.
—Sí.
—Entonces ¿cuál de ustedes es Isabella?
Silencio.
Finalmente, la novia respondió:
—Yo.
Elena sonrió con amargura.
—Por fin dices tu nombre real.
Ethan sintió un escalofrío.
La novia era Isabella Moreau.
La mujer escondida era Elena.
Las dos hermanas eran gemelas idénticas.
Sophie era hija de Elena.
—¿Por qué dijiste que era tu hija? —preguntó Ethan.
Isabella respondió:
—Nunca lo hice.
Pero Sophie la contradijo.
—Me obligó a decirle mamá.
Elena cerró los ojos.
La historia comenzó años atrás.
Elena había conocido a Ethan antes que Isabella.
Muy brevemente.
Una noche en París.
Ethan lo recordó.
Una mujer en una exposición de arte.
Una conversación larga.
Un beso.
Después ella desapareció.
Él nunca supo su nombre completo.
Elena lo miró.
—Era yo.
Ethan sintió que el corazón se detenía.
—¿Entonces Sophie…?
Elena negó.
—No es tu hija.
Ethan respiró.
Pero entonces añadió:
—Aunque Isabella quería que lo creyeras.
Ethan miró a la novia.
—¿Por qué?
Isabella guardó silencio.
Elena explicó.
Años atrás, ambas hermanas heredaron un fideicomiso familiar.
Había una cláusula extraña.
La primera hermana que se casara y tuviera una hija recibiría el control de una gran parte del patrimonio.
Elena tuvo a Sophie primero.
Isabella quedó fuera.
Desde entonces, comenzó una guerra silenciosa.
Isabella quería el control del dinero.
Pero no podía usar a Sophie directamente.
Hasta que conoció a Ethan.
Un hombre rico, con prestigio y vínculos empresariales.
Se acercó a él usando recuerdos que Elena había contado años atrás.
Historias.
Gustos.
Lugares.
Incluso la noche de París.
—Entonces nuestra relación…
Ethan dejó la frase incompleta.
Isabella respondió:
—No fue toda mentira.
Pero aquella frase no ayudó.
Había construido la relación utilizando la vida de su hermana.
Y ahora había escondido a Sophie durante la boda.
—¿Por qué?
Elena respondió:
—Porque si me casaba antes que ella, el fideicomiso pasaba a mí.
Ethan frunció el ceño.
—¿Tú ibas a casarte hoy?
Elena asintió.
—Sí.
—¿Con quién?
Elena miró hacia el salón.
—Con el hombre que todos creen que es tu padrino.
Ethan se quedó inmóvil.
Su mejor amigo, Marcus Hale, estaba dentro esperando la ceremonia.
La boda no era una sola boda.
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Había dos planes cruzados.
Y alguien había sustituido a una de las novias.