Capítulo 2: Las Cartas Que Nunca Llegaron

Reginald ordenó que trajeran comida para Lily de inmediato.
Pero la niña no tocó el pan.
—¿Puedo llevarle sopa a mi mamá primero? Está enferma.
Aquellas palabras rompieron algo dentro del anciano.
Su hija estaba viva.
Su nieta tenía hambre.
Y él había pasado años sentado en cenas benéficas mientras su propia sangre sobrevivía en una habitación pobre sobre una lavandería.
Victor, su hijo mayor, intentó intervenir.
—Padre, esto puede ser una trampa.
Pero Reginald notó el miedo en su voz.
Demasiado rápido.
Demasiado evidente.
Pidió los documentos sobre la supuesta muerte de Anna.
Cuando abrieron la carpeta familiar, descubrieron errores imposibles de ignorar.
Fechas contradictorias.
Sellos falsos.
Firmas dudosas.
Reginald miró a Victor como si lo viera por primera vez.
—¿Qué hiciste?
Victor no respondió.
Esa misma noche, Reginald fue con Lily hasta Saint Mary’s Street.
Subieron una escalera estrecha que olía a humedad y jabón viejo.
En una habitación pequeña, Anna yacía enferma sobre una cama.
Cuando vio a su padre, sus labios temblaron.
—¿Papá?
Reginald cayó de rodillas junto a ella.
—Pensé que estabas muerta.
Anna lloró.
—Y yo pensé que me habías abandonado.
La verdad salió poco a poco.
Victor había falsificado cartas.
Había interceptado mensajes.
Había dicho a Reginald que Anna había robado dinero y huido.
Había dicho a Anna que su padre no quería verla jamás.
Luego falsificó su muerte para quedarse como único heredero de la fortuna Hawthorne.
Durante años, Anna escribió cartas que nunca llegaron.
Reginald también.
Ambos habían vivido separados por una mentira.
Y Lily había crecido pobre, sin saber que pertenecía a la familia que una noche casi la expulsó por pedir comida.
A la mañana siguiente, los abogados congelaron las cuentas del fideicomiso familiar.
Los investigadores encontraron cartas ocultas en la oficina privada de Victor.
También hallaron transferencias ilegales, documentos falsificados y pagos a funcionarios.
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El mundo de Victor comenzó a derrumbarse.
Y por primera vez en catorce años, el nombre de Anna volvió a pronunciarse dentro de Hawthorne Hall.