Capítulo 1: El Corazón De Diamante

Lily tenía ocho años y llevaba casi dos días sin comer bien.
El enorme salón de Hawthorne Hall brillaba con lámparas de cristal, bandejas de plata y mesas llenas de comida que nadie parecía valorar.
Pan dorado.
Carne asada.
Sopa caliente.
Pasteles cubiertos de crema.
Para los invitados ricos, era una cena benéfica más.
Para Lily, parecía un milagro.
Entró descalza por una puerta lateral, con el vestido azul manchado de barro y las manos apretadas sobre el estómago.
—Tengo hambre —susurró.
La música se apagó poco a poco.
Decenas de rostros se giraron hacia ella.
Un guardia avanzó de inmediato.
—Tienes que irte.
Lily retrocedió asustada.
—Solo necesito un poco de pan.
Pero el hombre le puso una mano fuerte sobre el hombro.
Entonces una voz anciana sonó desde la mesa principal.
—Espere.
Todos se volvieron.
Reginald Hawthorne, dueño de la mansión y patriarca de una de las familias más poderosas de la ciudad, miraba fijamente a la niña.
Al principio solo vio hambre.
Luego vio sus ojos.
Verdes.
Intensos.
Demasiado parecidos a los de Anna, su hija menor, desaparecida hacía catorce años.
Reginald se levantó lentamente.
Caminó hacia Lily con el corazón golpeándole el pecho.
Y entonces vio el collar.
Un pequeño corazón de diamantes colgaba sobre el cuello sucio de la niña.
Reginald dejó de respirar.
Él conocía ese collar.
Se lo había regalado a Anna cuando cumplió dieciocho años.
—¿Dónde conseguiste eso? —preguntó con la voz quebrada.
Lily lo sujetó con ambas manos, temiendo que se lo quitaran.
—Mi mamá me lo dio.
Reginald se arrodilló frente a ella.
—¿Cómo se llama tu madre?
La niña tragó saliva.
—Anna.
El bastón de Reginald cayó al suelo.
Todo el salón quedó en silencio.
Porque Anna no era una desconocida.
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Anna era la hija que Reginald creyó muerta.
Y aquella niña hambrienta acababa de entrar en su casa llevando la prueba de una verdad enterrada durante años.