CAPÍTULO 1: La Tormenta Que Lo Cambió Todo

El océano rugía como una bestia enfurecida.
Las olas se alzaban varios metros sobre la pequeña balsa de madera agrietada que luchaba por mantenerse a flote en medio de la oscuridad.
El cielo estaba cubierto por nubes grises y pesadas.
La lluvia caía sin descanso.
Y en medio de aquella inmensidad se encontraba Elena.
Tenía treinta años.
Su ropa estaba empapada.
Su cabello negro se pegaba a su rostro.
Las heridas en sus manos y brazos ardían con cada gota de agua salada.
Pero nada de eso le importaba.
Porque entre sus brazos sostenía algo mucho más importante que su propia vida.
Su bebé recién nacido.
Envuelto en una vieja manta beige.
Protegido por el calor de su cuerpo.
Horas antes, Elena viajaba en un pequeño barco pesquero que intentaba regresar a la costa.
La tormenta había llegado de forma inesperada.
Las olas golpearon con violencia.
El motor dejó de funcionar.
Y en cuestión de minutos todo se convirtió en caos.
Cuando la embarcación comenzó a hundirse, Elena solo pensó en una cosa.
Salvar a su hijo.
No recordaba exactamente cómo había llegado hasta aquella balsa.
Solo recordaba el agua.
Los gritos.
Y el miedo.
Ahora estaban solos.
Perdidos en medio del mar.
El bebé lloraba débilmente.
Elena lo abrazó con más fuerza.
—Por favor... resiste, mi amor... por favor...
Una enorme ola levantó la balsa y la lanzó violentamente hacia abajo.
Elena cerró los ojos.
Sabía que si se rendía, ambos morirían.
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Y juró que eso nunca ocurriría.
Mientras ella siguiera respirando.