Capítulo 1: El Heredero Regresó con un Regalo y Encontró a la Criada Embarazada Llorando Entre Cristales Rotos

La mansión Carter parecía tranquila aquella tarde.
La luz del sol entraba por los grandes ventanales y se reflejaba sobre el suelo de mármol. Una enorme lámpara de cristal brillaba sobre la sala principal, mientras el silencio hacía que cada paso resonara con claridad.
Ryan Carter entró llevando una pequeña caja de regalo.
Había regresado antes de lo previsto.
Quería sorprender a Emily.
La joven trabajaba como empleada doméstica en la mansión desde hacía casi dos años. Tenía veintisiete años, llevaba un uniforme beige con delantal blanco y estaba embarazada de siete meses.
Aunque nadie lo sabía todavía, Ryan y Emily mantenían una relación en secreto.
No porque él se avergonzara de ella.
Sino porque Victoria Carter, la madre de Ryan, jamás habría aceptado que el heredero de la familia amara a una mujer humilde.
Ryan caminó hacia la sala.
Entonces escuchó el sonido de un vidrio rompiéndose.
Aceleró el paso.
Al entrar, se quedó completamente inmóvil.
Había cristales esparcidos sobre el mármol.
Emily estaba de rodillas junto a la mesa de cristal, llorando y abrazando su vientre con ambas manos.
A pocos metros, Victoria sostenía un vaso vacío.
—¿Qué pasó aquí? —preguntó Ryan.
Emily intentó levantarse.
Pero apenas dio un paso, perdió el equilibrio.
Ryan dejó caer la caja y corrió para sostenerla.
—Emily.
Ella se aferró a su chaqueta.
—El bebé… me duele…
Ryan la levantó con cuidado.
—¿Qué le hiciste? —preguntó mirando a su madre.
Victoria cruzó los brazos.
—Solo fue un accidente.
Emily negó débilmente.
—No fue un accidente.
Victoria la miró con frialdad.
Minutos antes había descubierto la verdad.
Había encontrado una carta médica dentro del bolso de Emily.
En ella aparecía el nombre de Ryan como contacto de emergencia y padre del bebé.
Furiosa, exigió que la joven abandonara la casa antes de que su hijo regresara.
Emily se negó.
Entonces Victoria arrojó el contenido del vaso sobre ella y empujó la mesa al intentar quitarle los documentos.
Emily cayó entre los cristales.
Ryan ayudó a la joven a recostarse sobre el sofá.
—¡Doctor! —gritó hacia la entrada—. ¡Ahora mismo!
El médico de la familia entró apresuradamente con su maletín.
Se arrodilló junto a Emily.
Revisó su pulso.
Después colocó una mano sobre su vientre.
Su expresión cambió.
Ryan lo notó inmediatamente.
—¿Qué ocurre?
El médico no respondió.
Volvió a examinarla.
Victoria permanecía junto a la escalera intentando mantener su seguridad.
Finalmente, el doctor levantó la mirada.
—Señor Carter…
Hizo una pausa.
—Hay algo que necesita saber.
Ryan sintió que el corazón se le detenía.
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Porque el rostro del médico no mostraba únicamente preocupación.
Mostraba miedo.