Capítulo 2: “Tu madre murió hace seis años”… entonces, ¿quién acaba de pronunciar su nombre?

Durante varios segundos, nadie se movió.
La lluvia continuaba golpeando los ventanales.
Elena permanecía dentro de la habitación con la fotografía entre los dedos.
No podía apartar los ojos de la oscuridad.
—¿Quién está ahí? —preguntó.
No obtuvo respuesta.
Mateo dio un paso hacia ella.
—Elena, sal de la habitación.
Ella se volvió.
—¿Por qué?
—Porque no sabes quién puede estar dentro.
Elena soltó una risa nerviosa.
—Tú sí lo sabes.
Mateo se detuvo.
—¿Verdad?
—No.
—Mientes.
La palabra salió de la boca de Elena con una frialdad que sorprendió incluso a ella misma.
Sofía seguía junto a la puerta.
—Sofía —dijo Elena—, ¿quién estaba aquí contigo?
La niña miró hacia la oscuridad.
—Mamá.
Elena cerró los ojos.
—Tu madre murió.
—Eso dijiste tú.
—No. Eso es lo que todos sabemos.
Sofía negó.
—No todos.
Mateo intervino:
—Sofía, basta.
La niña lo miró.
—Tú prometiste que nunca volverías a abrir esta puerta.
Elena giró lentamente la cabeza.
Mateo quedó inmóvil.
—¿Qué acabas de decir?
Sofía bajó la mirada.
Mateo se acercó a ella.
—No sabes lo que estás diciendo.
—Sí lo sé.
Elena avanzó.
—¿Cuándo te trajo Mateo aquí?
Sofía no contestó.
—Sofía.
La niña comenzó a llorar.
—Mamá me dijo que no confiara en él.
Mateo cerró los ojos.
Elena lo miró horrorizada.
—¿En ti?
Mateo permaneció callado.
—¿Tuvo razón?
—Elena…
—¡¿Tuvo razón?!
Mateo levantó la mirada.
Por primera vez, su expresión parecía completamente derrotada.
—Yo intentaba protegerte.
Elena sintió que se le cortaba la respiración.
—¿De qué?
—De la verdad.
—¿Qué verdad?
Mateo miró la fotografía.
—La que acabas de ver.
Elena apretó la fotografía contra su pecho.
—No puedo verla claramente.
—Lo sé.
—Entonces dime qué hay en ella.
Mateo no respondió.
—¡Dímelo!
—No.
Elena dio un paso hacia él.
—¿Por qué apareces tú junto a mi madre?
Silencio.
El gerente seguía en la puerta.
Elena lo señaló.
—¿Usted sabía todo esto?
El hombre no contestó.
—¡¿Lo sabía?!
El gerente bajó la mirada.
—Su madre estuvo aquí.
Elena se quedó inmóvil.
—¿Cuándo?
El hombre tragó saliva.
—Hace seis años.
Mateo cerró los ojos.
Elena sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
—Eso es imposible.
—No —dijo el gerente—. Lo imposible fue lo que ocurrió después.
Sofía levantó la cabeza.
—Mamá no quería morir.
Elena la miró.
—¿Qué significa eso?
La niña respondió con voz casi inaudible:
—Ella quería volver a casa.
Mateo se estremeció.
Elena lo vio.
—¿Volver a qué casa?
Mateo no contestó.
—Mateo.
Nada.
—¿Dónde estuvo mi madre después de desaparecer?
El silencio se hizo insoportable.
Entonces se escuchó un golpe.
Desde el interior de la habitación.
Todos se quedaron inmóviles.
Toc.
Sofía agarró la mano de Elena.
Toc.
Elena miró hacia la oscuridad.
—Hay alguien aquí.
Mateo se colocó delante de ellas.
—No te acerques.
Elena lo empujó.
—Apártate.
—Elena, escucha.
—¡Se acabó!
Levantó la fotografía.
—Me has mentido durante seis años.
Mateo la miró.
—Porque tu madre me lo pidió.
Elena se quedó paralizada.
—¿Qué?
—Ella me pidió que te dijera que había muerto.
La respiración de Elena desapareció.
—¿Por qué?
Mateo miró a Sofía.
—Para mantenerte viva.
Elena sintió que las piernas le fallaban.
—¿Mantenerme viva de quién?
Mateo no respondió.
El gerente miró hacia la puerta.
Su rostro volvió a ponerse pálido.
—Tenemos que salir.
Elena lo miró.
—¿Por qué?
—Porque alguien sabía que usted vendría esta noche.
Un teléfono vibró en el bolsillo de Mateo.
Todos lo miraron.
Mateo sacó el teléfono.
No había número visible.
Solo una llamada desconocida.
No contestó.
El teléfono dejó de vibrar.
Un segundo después llegó un mensaje.
Mateo lo leyó.
Su rostro cambió.
Elena se acercó.
—¿Qué dice?
Mateo bloqueó inmediatamente la pantalla.
—Nada.
—Déjame verlo.
—No.
Elena le arrebató el teléfono.
Pero Mateo reaccionó y lo recuperó.
—¡Mateo!
—No.
—¿Quién te está escribiendo?
Mateo miró hacia la oscuridad.
—La misma persona que lleva seis años buscando esta habitación.
Elena sintió un escalofrío.
Sofía levantó lentamente la cabeza.
—No.
Todos la miraron.
—¿Qué pasa? —preguntó Elena.
La niña miró hacia la habitación.
—Ella no está sola.
Mateo se quedó rígido.
Elena sintió que el aire se congelaba.
—¿Qué quieres decir?
Sofía señaló una esquina oscura.
—Siempre había alguien más con mamá.
Elena miró a Mateo.
—¿Quién?
Mateo no respondió.
Desde la oscuridad llegó un sonido.
Una respiración.
Después una voz masculina, muy débil.
Mateo cerró los ojos.
Elena susurró:
—¿Quién está ahí?
La voz no contestó.
Pero Sofía sí.
—El hombre que mamá tenía miedo de que encontrara a papá.
Elena miró a Mateo.
—¿Papá?
Mateo no se movió.
—¿De quién estás hablando?
La niña apretó la mano de Elena.
—De mi verdadero papá.
Elena quedó completamente inmóvil.
Mateo abrió los ojos.
Y en ese instante comprendió que Sofía había dicho demasiado.
—Sofía…
La niña se tapó la boca.
Elena miró a Mateo.
—¿Qué significa eso?
Mateo permaneció en silencio.
—Mateo.
Nada.
—¿Quién es el padre de Sofía?
Mateo dio un paso atrás.
La vieja voz femenina volvió a escucharse desde la oscuridad.
Esta vez mucho más cerca.
—Elena…
Elena giró.
Mateo miró hacia la puerta.
El gerente comenzó a retroceder.
Sofía rompió a llorar.
Elena apretó la fotografía contra su pecho.
—Mamá…
La voz respondió:
—No deberías haber abierto la puerta.
Elena dejó de respirar.
Mateo miró hacia ella.
Y por primera vez desde que había comenzado aquella noche, pareció verdaderamente aterrorizado.
La puerta comenzó a cerrarse lentamente detrás de ellos.
CLICK.
Elena miró la fotografía una última vez.
No se mostró la imagen.
Solo se vio su rostro quebrarse al comprender algo que había permanecido oculto durante seis años.
Mateo susurró:
—Ahora sabes por qué nunca quería que volvieras a la habitación 517.
Elena levantó los ojos.
—No.
Su voz temblaba.
—Ahora sé que nunca me contaste toda la verdad.
Desde la oscuridad, la mujer volvió a susurrar:
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—Elena…
CORTE A NEGRO.