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Capítulo 4: La Caída De Vivian Moretti

Vivian perdió todo en menos de una semana.

Primero, las invitaciones.

Luego, los contratos.

Después, el apartamento que Alejandro nunca le había regalado oficialmente.

Finalmente, las joyas.

Todas pertenecían a Elena.

Cuando intentó salir del país, fue detenida en el aeropuerto.

No por secuestro.

Todavía no.

Por encubrimiento, fraude patrimonial y posesión ilegal de bienes vinculados a una investigación criminal.

En la sala de interrogatorios, Vivian dejó de parecer elegante.

Sin maquillaje perfecto, sin vestido caro y sin fotógrafos, solo era una mujer aterrada.

—Yo solo quería una vida mejor —dijo.

Elena, sentada frente a ella, la observó con cansancio.

—No. Querías mi vida.

Vivian lloró.

—Tú estabas desaparecida.

—Y por eso decidiste que ya no era persona.

La frase la dejó sin defensa.

Mientras tanto, la investigación avanzó.

Los médicos de la clínica en Croacia fueron arrestados.

Los registros mostraron pagos desde empresas pantalla vinculadas a dos exsocios de Alejandro.

También apareció un nombre inesperado.

Matías Roldán.

El mejor amigo de Alejandro.

El hombre que había estado a su lado durante los años de búsqueda.

El hombre que lo abrazó en el supuesto funeral simbólico de Elena.

El hombre que le decía cada mes:

“Déjala ir.”

Cuando Alejandro vio la firma de Matías en los documentos, no gritó.

No rompió nada.

Solo se quedó mirando el papel.

Elena lo entendió de inmediato.

La traición más profunda no venía del enemigo.

Venía de alguien que había tenido llave de la casa.

Esa noche, Matías fue citado a la mansión.

Llegó tranquilo.

Sonriendo.

Pero al ver a Elena sentada junto a Alejandro, la sonrisa desapareció.

—No puede ser —susurró.

Elena levantó la mirada.

—Eso mismo pensé cuando desperté en una clínica sin nombre.

Alejandro se puso de pie.

—Dime por qué.

Matías intentó mentir.

Luego vio los documentos.

Los pagos.

Las llamadas.

Las firmas.

Y finalmente bajó la cabeza.

—Ella iba a destruir el acuerdo médico. Miles de millones, Alejandro. No entiendes lo que estaba en juego.

Alejandro caminó hacia él.

—Lo que estaba en juego era mi esposa.

Matías tragó saliva.

—Era solo negocio.

Alejandro lo golpeó.

Una sola vez.

No por rabia.

Por despedida.

Cuando la policía se llevó a Matías, Elena tomó la mano de Alejandro.

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Ninguno habló.

Porque ambos sabían que recuperar una vida también significaba enterrar las mentiras que la habían rodeado.

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