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PARTE II — LA FOTO QUE VICTORIA NO QUERÍA QUE LILY ENCONTRARA

—No digas una palabra más.

La voz de Adrian cambió.

Victoria lo notó.

—¿Ahora tienes miedo?

—Estoy intentando darte una última oportunidad para marcharte.

—No. Estás intentando evitar que ella haga preguntas.

Lily seguía entre sus brazos.

—Adrian…

Él bajó la mirada.

—No la escuches.

—¿Por qué dijo que soy un error?

Victoria sonrió con tristeza.

—Pregúntaselo a él.

—Victoria.

—Pregúntale por qué una niña llamada Lily Carter vive en una casa de los Vale.

Los invitados comenzaron a murmurar.

Adrian giró hacia ellos.

—Dentro. Todos.

Nadie discutió.

En pocos segundos, la terraza comenzó a vaciarse.

Uno de los empleados se acercó con una manta.

Adrian envolvió a Lily.

—¿Tienes frío?

Ella asintió.

—Vamos dentro.

Victoria dio otro paso.

—Si cruzas esa puerta con ella, tendrás que contarle todo.

Adrian se detuvo.

—Ya has hecho suficiente esta noche.

—Esto empezó mucho antes de esta noche.

Adrian siguió caminando.

Victoria los siguió.

Dentro de la mansión, la música había sido apagada.

Los últimos invitados se marchaban mientras el personal permanecía a distancia.

Adrian llevó a Lily hasta un sofá.

Se arrodilló frente a ella.

—Voy a buscarte ropa seca.

Lily negó.

—No te vayas.

—No voy a irme.

Victoria apareció en la puerta.

Adrian se levantó.

—Te dije que salieras de mi casa.

—Y yo te dije que no sabes toda la verdad.

—Marcus.

Un hombre apareció desde el corredor.

Victoria soltó una risa incrédula.

—¿Vas a hacer que me echen?

Adrian no respondió.

Marcus señaló discretamente hacia la salida.

Victoria abrió su bolso.

—Entonces quizá deba dejarle algo antes de irme.

Adrian se tensó.

—¿Qué?

Victoria sacó un pequeño sobre color marfil.

Lo dejó sobre una mesa.

—Esto.

Adrian lo reconoció.

Y aquella vez fue él quien perdió el color.

Lily lo vio.

—¿Qué hay ahí?

—Nada que tengas que ver.

Victoria negó lentamente.

—Todo lo contrario.

Adrian tomó el sobre.

—¿Dónde lo encontraste?

—En el despacho de tu padre.

—Ese despacho lleva cerrado años.

—Para ti.

Adrian apretó el sobre.

Lily observaba a ambos.

—¿Quién es su padre?

Nadie respondió.

—Adrian.

Él se volvió.

—¿Qué pasa?

—¿Por qué Victoria sabe cosas de mí?

Adrian cerró los ojos un instante.

—Es complicado.

—Siempre dices eso cuando no quieres contarme algo.

Victoria casi sonrió.

—Es una niña lista.

Adrian la fulminó con la mirada.

—Fuera.

—Abre el sobre.

—No.

—Entonces lo haré yo.

Victoria intentó acercarse.

Marcus se interpuso.

—Ni un paso más.

Ella se detuvo.

Adrian observó el sobre.

Sabía perfectamente qué podía haber dentro.

O creía saberlo.

Finalmente rompió el sello.

Sacó una fotografía antigua.

La miró.

Su expresión cambió.

Lily se levantó del sofá.

—¿Qué es?

Adrian no respondió.

—¿Es una foto?

Victoria lo observaba.

—Enséñasela.

—Cállate.

Lily se acercó.

—Adrian…

Él intentó guardar la fotografía.

Pero la niña alcanzó a ver una parte.

—Espera.

Adrian se detuvo.

Lily señaló la imagen.

—Esa soy yo.

—No.

—Sí.

—Lily, esa fotografía es mucho más antigua que tú.

La niña volvió a mirar.

En la imagen aparecía una niña de aproximadamente su misma edad.

El mismo cabello.

Una sonrisa inquietantemente parecida.

Y junto a ella había una mujer joven.

Lily señaló.

—¿Quién es?

Adrian permaneció en silencio.

Victoria contestó.

—Su madre.

Lily giró inmediatamente hacia Adrian.

—¿Mi mamá?

Adrian apretó la fotografía.

—Victoria, basta.

—¿Por qué nunca me enseñaste esto?

—Porque no conocía esa foto.

Victoria arqueó una ceja.

—Pero sí conocías a la mujer.

Lily miró a Adrian.

—¿Conocías a mi madre?

Él tardó demasiado en responder.

—Sí.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

—Porque prometí…

Se detuvo.

Victoria terminó la frase.

—Porque prometió guardar silencio.

Adrian se volvió violentamente hacia ella, aunque no se acercó.

—No sabes de qué estás hablando.

—Sé exactamente lo que prometiste aquella noche.

Lily comenzó a llorar de nuevo.

Esta vez no por la piscina.

—¿Qué noche?

Adrian se arrodilló.

—Lily, escúchame.

—¿Por qué nadie quiere decirme nada?

—Porque algunas cosas son difíciles de explicar.

—¿Mi mamá murió?

La pregunta paralizó la habitación.

Victoria miró a Adrian.

Adrian bajó la vista.

—Eso es lo que te dijeron, ¿verdad? —preguntó Victoria.

Adrian se levantó inmediatamente.

—Marcus, sácala.

—¡Espera!

Lily corrió hacia la mesa.

Tomó la fotografía.

Adrian intentó detenerla.

—Lily…

La niña la giró.

En el reverso había algo escrito a mano.

Lily comenzó a leer.

—“Para Adrian…”

Él se quedó inmóvil.

—No sigas.

Lily lo miró.

—¿Por qué?

Victoria observaba desde la puerta.

—Porque esa nota no era para ti.

Lily volvió a mirar la fotografía.

—“Para Adrian. Si algún día Lily pregunta por mí…”

La voz de la niña se quebró.

Adrian cerró los ojos.

—Lily.

—Aquí está mi nombre.

—Lo sé.

—¡Esta foto es de antes de que yo naciera!

Silencio.

Lily miró a Victoria.

Después a Adrian.

—¿Cómo podía saber mi nombre?

Nadie respondió.

Adrian extendió la mano.

—Dame la fotografía.

Lily retrocedió.

—No.

Era la primera vez que se negaba de aquella manera.

—Quiero saber quién era mi madre.

Adrian respiró profundamente.

—Te lo contaré.

Victoria soltó una risa amarga.

—¿Todo?

Adrian la ignoró.

—Pero no esta noche.

—No —respondió Lily—. Ahora.

La niña miró nuevamente el mensaje.

Había más palabras.

Leyó en silencio durante unos segundos.

Su expresión cambió.

—Adrian…

Él supo que había encontrado la parte que temía.

—¿Qué?

Lily levantó la fotografía.

—Aquí dice que tú tenías que llevarme con alguien cuando cumpliera siete años.

Victoria dejó de sonreír.

Adrian miró rápidamente la nota.

—Eso no puede estar ahí.

—Está.

—Déjame verla.

Lily se la entregó.

Adrian leyó.

Sus manos comenzaron a temblar.

Victoria también parecía confundida.

—¿Qué pone? —preguntó.

Adrian no respondió.

—¿Con quién tenías que llevarla?

Él levantó lentamente la mirada.

—No hay nombre.

Lily señaló la última línea.

—Sí hay algo.

Adrian volvió a leer.

Debajo de la frase aparecía únicamente una dirección.

Victoria se acercó un poco.

—¿La reconoces?

Adrian no contestó.

Marcus sí observó su reacción.

—Señor Vale…

—No.

—¿Qué ocurre?

Adrian dobló la fotografía.

—Lily, sube con Marcus.

—No.

—Por favor.

—Quiero saberlo.

—Y lo sabrás.

—¿Cuándo?

Adrian miró el reloj.

Después la dirección.

Por primera vez desde que había saltado a la piscina, parecía realmente asustado.

—Ahora mismo.

Victoria frunció el ceño.

—¿Adónde vas?

—A comprobar algo que debería haber comprobado hace años.

Lily tomó su mano.

—Voy contigo.

—No.

—Es sobre mí.

Adrian la miró.

Sabía que tenía razón.

Media hora después, la mansión quedó atrás.

La dirección los llevó hasta una propiedad mucho más antigua en las afueras de la ciudad.

No era una mansión.

Era una pequeña casa cerrada detrás de una verja de hierro.

Marcus bajó primero.

—Parece vacía.

Adrian observó la fotografía.

La dirección coincidía.

Lily permaneció dentro del coche.

—¿Vivía aquí mi mamá?

—No lo sé.

Adrian avanzó hasta la puerta.

Había un viejo buzón.

Marcus lo abrió.

Dentro encontró únicamente un sobre protegido por plástico.

—Señor Vale.

Adrian lo tomó.

En el frente había un nombre.

Lily.

Adrian se quedó inmóvil.

La niña bajó del coche.

—¿Qué es?

—Vuelve al coche.

—¿Es para mí?

—Lily…

Ella vio su nombre.

—Es mío.

Adrian no podía negarlo.

Abrió el plástico.

Dentro había una carta y una pequeña llave.

Lily tomó la llave.

—¿Qué abre?

Marcus observó la casa.

—Quizá algo dentro.

Adrian desplegó la carta.

Leyó la primera línea.

Su rostro se endureció.

—¿Qué dice? —preguntó Lily.

Él no respondió.

—Adrian.

Marcus se acercó.

—¿Señor?

Adrian le entregó la carta.

Marcus leyó.

Después levantó la vista hacia la casa.

—Esto cambia las cosas.

Lily comenzó a perder la paciencia.

—¿Qué cambia?

Adrian miró a la niña.

Ya no podía seguir ocultándolo.

—Tu madre dejó esta carta antes de desaparecer.

Lily palideció.

—¿Desaparecer?

—Sí.

—Entonces no sabes si murió.

Adrian guardó silencio.

Eso fue suficiente.

Lily dio un paso atrás.

—Me mentiste.

—Intenté protegerte.

—¡Me dijiste que había muerto!

—Porque era lo que todos creíamos.

—¿Todos menos quién?

Adrian miró la carta.

—Victoria.

El silencio de la noche pareció tragarse todo lo demás.

Lily abrió los ojos.

—¿Victoria sabía que mi madre podía estar viva?

Adrian volvió a leer la última parte.

Entonces se fijó en una frase que no había visto.

Una línea escrita al final, con tinta diferente.

Marcus también la vio.

—Eso parece añadido después.

Adrian acercó el papel a la luz.

Había una fecha.

Una fecha de hacía apenas tres meses.

Lily preguntó:

—¿Qué pone?

Adrian no respondió.

—¡Dímelo!

Él levantó los ojos hacia la casa.

En ese mismo instante, una luz se encendió detrás de una de las ventanas del piso superior.

Los tres quedaron inmóviles.

Marcus llevó instintivamente una mano al auricular.

—Hay alguien dentro.

Lily miró hacia la ventana.

Una silueta femenina apareció detrás de la cortina.

Adrian dejó de respirar.

La carta tembló entre sus dedos.

—No puede ser…

Lily miró a Adrian.

—¿Quién es?

La silueta se acercó lentamente al cristal.

Adrian reconoció algo en ella.

No su rostro.

Un pequeño colgante alrededor del cuello.

El mismo que aparecía en la fotografía.

Lily dio un paso hacia la casa.

—Adrian…

Él la sujetó suavemente por el hombro.

—Espera.

—¿Es mi madre?

Adrian no consiguió responder.

Entonces la puerta de la casa comenzó a abrirse.

Muy despacio.

Y una voz de mujer surgió desde la oscuridad:

—Lily…

La niña se quedó completamente inmóvil.

Adrian palideció.

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Porque reconoció aquella voz.

Y porque, según todo lo que había creído durante siete años, aquella mujer jamás debería haber podido pronunciar el nombre de Lily.

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