LA EMPUJÓ A LA PISCINA CREYENDO QUE NADIE SE ATREVERÍA A DETENERLA… PERO EL HOMBRE QUE SALTÓ AL AGUA SABÍA EXACTAMENTE POR QUÉ QUERÍA DESHACERSE DE LA NIÑA
PARTE I — EL HOMBRE QUE SALTÓ SIN PENSARLO

La fiesta continuaba al otro lado de los enormes ventanales de la mansión.
Música suave.
Copas de champán.
Conversaciones discretas.
Decenas de invitados contemplando desde la terraza las luces de la ciudad.
Nadie prestaba atención al extremo más apartado de la piscina.
Y Victoria Hale lo sabía.
Vestida con un largo traje rojo vino, caminó lentamente detrás de Lily Carter.
La niña tenía apenas seis años.
Su vestido blanco se movía con la brisa nocturna mientras observaba las luces reflejadas sobre el agua.
—Son bonitas —dijo Lily.
Victoria no respondió.
La niña se volvió.
—¿Señora Hale?
Victoria la observó en silencio.
Lily retrocedió instintivamente medio paso.
—¿He hecho algo malo?
Victoria apretó la mandíbula.
Había algo en aquella niña que llevaba toda la noche alterándola.
No era su voz.
Ni su presencia.
Era su rostro.
Cada vez que Lily sonreía, Victoria veía algo que llevaba años intentando olvidar.
—¿Dónde está Adrian? —preguntó.
—Dentro.
—¿Te ha dicho que vengas conmigo?
Lily negó con la cabeza.
—Solo dijo que esperara cerca de la terraza.
Victoria miró hacia los ventanales.
Nadie parecía observarlas.
—Claro que lo dijo.
Lily percibió algo extraño en su tono.
—Quiero volver.
Intentó pasar a su lado.
Victoria se interpuso.
—Espera.
Lily levantó la mirada.
—¿Por qué no le caigo bien?
La pregunta tomó a Victoria por sorpresa.
Durante un instante, algo parecido a la culpa apareció en su rostro.
Desapareció enseguida.
—No sabes nada.
—¿De qué?
Victoria miró a la niña.
Después al agua.
—De lo que has provocado.
Lily frunció el ceño.
—No entiendo.
—No. Claro que no.
La pequeña dio otro paso atrás.
Su talón quedó peligrosamente cerca del borde.
—Voy a buscar a Adrian.
Victoria extendió una mano.
—No.
Lily se quedó inmóvil.
—Siempre fuiste un error.
Y antes de que la niña pudiera comprender aquellas palabras, Victoria la empujó.
Todo ocurrió en menos de un segundo.
Lily perdió el equilibrio.
Sus brazos se abrieron instintivamente.
Después desapareció bajo el agua.
SPLASH.
Victoria permaneció inmóvil.
El vestido blanco de Lily descendía bajo la superficie iluminada.
La niña movía los brazos desesperadamente.
Victoria respiró con rapidez.
Miró hacia la casa.
Nadie había gritado.
Nadie había llegado.
Durante un instante terrible, pareció convencerse de que todavía podía fingir que había sido un accidente.
Entonces escuchó unos pasos.
Se volvió.
Adrian Vale venía corriendo.
Sus ojos pasaron de Victoria a la piscina.
No preguntó qué había ocurrido.
No perdió tiempo quitándose la chaqueta.
Saltó.
El impacto levantó una ola sobre el borde.
Bajo el agua, Adrian abrió los ojos.
Encontró a Lily casi inmediatamente.
La niña intentaba alcanzar la superficie, desorientada.
Adrian nadó hacia ella.
La sujetó con firmeza.
Lily se aferró a su camisa.
Él la sostuvo contra su pecho y ascendió.
Cuando ambos rompieron la superficie, Lily tosió y comenzó a llorar.
—Estoy aquí —dijo Adrian, respirando con dificultad—. Te tengo.
Lily rodeó su cuello con los brazos.
—Adrian…
—Ya está.
La llevó hacia el borde.
Dos invitados acababan de aparecer en la terraza.
Después otros tres.
Adrian salió de la piscina con Lily en brazos.
El agua caía de su traje negro.
La niña temblaba.
—No me sueltes.
—No voy a soltarte.
Adrian levantó la vista.
Victoria seguía allí.
Por primera vez, parecía asustada.
Adrian caminó directamente hacia ella.
—¿Qué has hecho?
Victoria recuperó parte de su compostura.
—Se cayó.
Lily apretó con más fuerza el cuello de Adrian.
Él lo sintió.
—Lily.
La niña no levantó la cabeza.
—Dime qué pasó.
Victoria dio un paso.
—Está asustada. No sabe lo que dice.
Adrian la miró.
—No te he preguntado a ti.
Victoria se quedó callada.
Lily respiró entrecortadamente.
—Me empujó.
El rostro de Adrian cambió.
No gritó.
Aquello fue peor.
—¿Qué has dicho?
Lily señaló débilmente hacia Victoria.
—Ella me empujó.
Los invitados que habían llegado a la piscina quedaron inmóviles.
Victoria negó.
—Eso es mentira.
Lily escondió el rostro contra Adrian.
—Me dijo que era un error.
Adrian dejó de respirar durante un instante.
Aquellas palabras significaban algo para él.
Algo que Victoria comprendió inmediatamente.
—Adrian…
—No.
—Déjame explicarlo.
—Tienes sesenta segundos para salir de mi propiedad.
Victoria lo miró fijamente.
—No puedes hablarme así.
—Cincuenta y nueve.
—¿Después de todo lo que he hecho por ti?
—Cincuenta y ocho.
Victoria miró alrededor.
Los invitados observaban.
Su humillación crecía.
—¿Vas a creer a una niña antes que a mí?
Adrian acercó a Lily contra su pecho.
—Después de eso…
Hizo una pausa.
—…no vuelvas a acercarte a ella.
Victoria palideció.
Pero entonces dijo algo que nadie esperaba.
—¿Crees que la estás protegiendo?
Adrian entrecerró los ojos.
—Vete.
Victoria soltó una risa amarga.
—Ni siquiera sabes quién es esa niña.
Adrian se quedó completamente inmóvil.
Lily levantó lentamente la cabeza.
—¿Qué quiere decir?
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Victoria la miró.
Y Adrian comprendió que aquello ya no tenía nada que ver únicamente con la piscina.