CAPÍTULO 3: La Marca Que Cambió Todo

El bebé comenzó a moverse bajo la manta.
Lena ajustó rápidamente la tela para protegerlo del viento.
Al hacerlo, el cuello empapado de su vestido se deslizó ligeramente sobre su hombro izquierdo.
Y entonces ocurrió.
Victor vio la marca.
Un extraño lunar rojizo.
Circular.
Perfectamente reconocible.
El tiempo pareció detenerse.
La lluvia siguió cayendo.
Los truenos continuaron resonando.
Pero Victor ya no escuchaba nada.
Sus ojos quedaron clavados en aquella marca.
Porque la conocía.
La había visto antes.
Muchos años atrás.
En otra persona.
En una mujer llamada Isabella.
La única mujer que había amado verdaderamente.
La mujer que desapareció veinticinco años atrás sin dejar rastro.
La mujer que llevaba exactamente la misma marca de nacimiento.
Victor sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.
Dio medio paso hacia adelante.
Su mano tembló.
Por primera vez en décadas parecía un hombre vulnerable.
—Dios mío...
Lena levantó la vista confundida.
Victor alternó la mirada entre la marca, el rostro de la joven y el bebé que ella sostenía.
Las piezas comenzaron a encajar.
Las fechas.
La edad.
La desaparición de Isabella.
Y una carta que él había recibido hacía años.
Una carta que jamás entendió.
Hasta ahora.
Las lágrimas comenzaron a mezclarse con la lluvia sobre el rostro del poderoso empresario.
Porque comprendió algo devastador.
La joven a la que acababa de rechazar bajo la tormenta no era una desconocida.
Era su hija.
Y el bebé que ella sostenía en brazos...
Era su nieto.
Lena observó el cambio en sus ojos.
La dureza había desaparecido.
La arrogancia había desaparecido.
Solo quedaba dolor.
Y arrepentimiento.
Victor cayó lentamente de rodillas sobre el pavimento mojado.
Mientras la tormenta rugía a su alrededor.
May you like
Porque acababa de descubrir que la familia que había perdido hacía veinticinco años había estado frente a él todo el tiempo.
Y casi la había dejado marchar para siempre.