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Capítulo 2: La hermana que la universidad intentó borrar

La seguridad del campus llegó minutos después.

Clark fue retenido.

El aula quedó cerrada mientras los técnicos copiaban todos los archivos del portátil.

Ava permaneció junto a Evelyn.

—Quiero saber la verdad.

Evelyn tardó en hablar.

Eleanor Reed había sido una estudiante brillante.

A los veintitrés años trabajaba en una investigación sobre aprendizaje automático aplicado a sistemas de decisión académica.

Su tesis no era únicamente teórica.

Había descubierto que Westbridge estaba desarrollando un sistema capaz de predecir el futuro académico y profesional de los estudiantes.

Oficialmente, servía para identificar talento.

En realidad, la universidad utilizaba el sistema para decidir a quién favorecer, a quién excluir y qué familias proteger.

Eleanor encontró pruebas de manipulación de becas, admisiones y carreras enteras.

También descubrió algo peor.

El sistema había sido usado para seleccionar niños con ciertas capacidades desde antes de ingresar a la universidad.

—¿Qué tiene que ver eso conmigo? —preguntó Ava.

Evelyn bajó la mirada.

Eleanor estaba embarazada.

Nadie sabía quién era el padre.

El día que iba a entregar las pruebas a un periodista, desapareció.

Su automóvil fue encontrado vacío cerca del campus.

Nunca hubo cuerpo.

Una semana después, Clark abandonó temporalmente Westbridge.

—¿Él estaba involucrado? —preguntó Ava.

Evelyn asintió.

Raymond Clark era asistente de investigación en aquel proyecto.

La universidad cerró el caso.

El nombre de Eleanor desapareció de publicaciones y bases de datos.

Incluso su tesis fue eliminada.

O eso creían.

Los técnicos descubrieron que el archivo mostrado en clase había sido restaurado recientemente.

Desde una cuenta administrativa.

La cuenta pertenecía a Clark.

Ava fue a confrontarlo.

—¿Por qué me acusó?

Clark respondió con frialdad.

—Porque necesitaba que Evelyn viera el archivo.

—Podría haberle enviado un correo.

—Lo habría ignorado.

Evelyn apretó la mandíbula.

Clark admitió que llevaba años intentando demostrar que Eleanor no había desaparecido voluntariamente.

Pero también confesó algo más.

—Yo ayudé a ocultar el embarazo.

Ava quedó inmóvil.

Clark había estado enamorado de Eleanor.

Cuando ella descubrió el proyecto, intentó ayudarla.

Pero tuvo miedo.

El rector de entonces era Thomas Reed.

Padre de Evelyn y Eleanor.

—¿Mi abuelo? —preguntó Ava.

Evelyn palideció.

Thomas Reed protegía el sistema porque recibía millones de dólares de empresas interesadas en sus predicciones.

Cuando Eleanor amenazó con denunciarlo, Thomas decidió encerrarla temporalmente en una clínica privada.

Clark ayudó a organizar el traslado.

—¿La entregó a su propio padre? —preguntó Ava.

—Pensé que solo querían evitar el escándalo.

—¿Y después?

Clark no supo responder.

Eleanor desapareció durante el traslado.

La clínica afirmó que nunca llegó.

Thomas dijo que había huido.

Clark guardó silencio durante veinte años.

—Entonces usted ayudó a destruir su vida.

—Sí.

Evelyn lo miró con odio.

—¿Y ahora pretende corregirlo humillando a una estudiante?

Clark bajó la cabeza.

—Cuando vi a Ava, supe quién era.

Ava sintió que el estómago se cerraba.

—¿Por mi cara?

—Por eso y por la tesis.

Clark explicó algo imposible.

La tesis de Ava no era una copia consciente.

Los textos coincidían porque Ava había recibido, durante años, fragmentos del trabajo de Eleanor sin saberlo.

—¿Cómo?

Alguien enviaba a su cuenta universitaria lecturas anónimas.

Artículos incompletos.

Notas.

Problemas de investigación.

Ava los utilizó como inspiración.

Pensó que provenían de bases académicas.

En realidad, eran fragmentos de los documentos de Eleanor.

Alguien había guiado a Ava para que reconstruyera la tesis perdida.

—¿Quién? —preguntó Evelyn.

Clark miró la pantalla.

—Eleanor.

Silencio.

—Eso es imposible —dijo Evelyn.

Clark abrió registros recientes.

Durante cuatro años, mensajes cifrados habían llegado desde una red privada ubicada dentro del campus.

La misma red que activó el video.

Eleanor no solo podía estar viva.

Podía estar dentro de Westbridge.

En ese momento, el teléfono de Ava vibró.

Un mensaje anónimo.

“Ve al archivo subterráneo. No confíes en Evelyn.”

Ava levantó la mirada.

Evelyn había recibido otro mensaje.

“Tu hermana nunca te perdonó.”

Y Clark recibió un tercero.

“Esta vez no podrás abandonarla.”

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Los tres entendieron lo mismo.

Alguien los estaba obligando a bajar juntos.

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