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Capítulo 2: Lo que Rose dejó preparado para la boda

Clara no esperó a nadie.

Subió las escaleras con la llave apretada en la mano.

Ethan caminó detrás de ella.

Noah los siguió a distancia, acompañado por una de las organizadoras de la boda.

El corredor del segundo piso estaba casi completamente oscuro.

A diferencia del resto de la mansión, aquella parte de la casa conservaba los muebles antiguos de la familia.

Al final estaba la habitación 214.

La puerta se encontraba entreabierta.

Clara se detuvo.

Durante siete años había visto aquella puerta cerrada.

Ahora estaba abierta.

La empujó lentamente.

El aire olía a madera, flores secas y al perfume que Rose utilizaba.

Nada parecía haber cambiado.

La cama estaba perfectamente hecha.

Un chal color crema descansaba sobre una silla.

Las cortinas seguían cerradas.

Sobre una mesa había varias fotografías familiares.

Clara entró.

—¿Mamá?

Silencio.

Ethan encendió una lámpara.

No había nadie.

Noah señaló el rincón.

—Ella estaba sentada ahí.

Había un pequeño banco junto a una ventana.

Clara se acercó.

Sobre el asiento encontró una caja de madera.

Tenía grabadas sus iniciales.

C.W.

La llave de latón encajaba perfectamente.

Clara abrió la caja.

Dentro había decenas de cartas.

Todas estaban dirigidas a ella.

La primera decía:

“Para abrir el día de tu boda.”

Clara comenzó a llorar antes de leer.

La letra pertenecía a Rose.

“Mi querida Clara:

Si estás leyendo esto, significa que no pude estar contigo cuando caminaras hacia el altar.

Pero hay algo que necesito que sepas antes de empezar una nueva familia.

Durante años creí que el silencio protegía a las personas que amamos.

Me equivoqué.”

Clara levantó la mirada.

Ethan permanecía en silencio.

La siguiente carta hablaba de algo que Clara jamás había escuchado.

Rose había descubierto que su marido, Henry Whitmore, padre de Clara, escondía una segunda familia.

No una amante.

Una familia completa.

Antes de casarse con Rose, Henry había estado comprometido con otra mujer.

De aquella relación nació una hija.

Cuando Henry heredó la fortuna Whitmore, abandonó a ambas y pagó para mantenerlas alejadas.

Rose descubrió la verdad años después.

Quiso encontrar a aquella niña.

Pero Henry se lo impidió.

—Mi padre nunca me habló de una hermana —susurró Clara.

Ethan tomó otra carta.

—Aquí hay un nombre.

Clara leyó.

Evelyn Carter.

El apellido la hizo mirar inmediatamente a Noah.

—Carter…

El niño abrió mucho los ojos.

—Mi mamá se llama Evelyn.

El silencio llenó la habitación.

Clara sintió que el suelo se movía bajo sus pies.

—¿Tu madre está aquí?

Noah negó.

Había llegado a la boda con su abuela, una antigua amiga de Rose.

Pero después de entrar al edificio, perdió de vista a la mujer.

Fue entonces cuando encontró a la señora en la habitación.

—¿Cómo se llama tu abuela?

—Margaret Carter.

Clara reconoció el nombre.

Margaret había sido enfermera de Rose durante los últimos meses de su vida.

Nadie sabía que tenía relación con la familia.

Ethan abrió otra carta.

En ella Rose explicaba que, antes de morir, había encontrado finalmente a Evelyn.

Quería presentarla a Clara.

Pero Henry lo descubrió.

Hubo una fuerte discusión.

Pocos días después, Rose sufrió el accidente automovilístico que la mató.

Clara siempre creyó que había sido casualidad.

Las cartas sugerían algo distinto.

“No sé si mi muerte será un accidente.

Por eso estoy dejando copias de todo.

Si algo me ocurre, Margaret sabrá qué hacer.”

Clara dejó caer la carta.

—Mi madre sabía que podía morir.

Noah dio un paso hacia ella.

—La señora también dijo que no confiaras en el hombre del anillo negro.

Ethan miró a Clara.

—¿Qué hombre?

Noah describió a alguien mayor, con cabello gris, traje oscuro y un anillo de ónix.

Clara conocía a una sola persona que llevaba uno así.

Su padre.

Henry Whitmore estaba abajo, brindando con los invitados.

En ese momento, se escuchó un ruido detrás de una pared.

Ethan se acercó.

Había una pequeña puerta oculta detrás de un biombo.

La abrió.

Un estrecho pasillo conectaba la habitación de Rose con una antigua sala de música.

Allí encontraron algo inesperado.

Un reproductor automático conectado a un viejo piano.

La melodía no había sido tocada por ningún fantasma.

Alguien había activado el mecanismo.

Dentro del compartimento había una pequeña grabadora.

Clara pulsó el botón.

La voz de Rose llenó la sala.

—Clara, si escuchas esto en tu boda, significa que Margaret cumplió su promesa.

Clara se tapó la boca.

—Noah no aprendió la canción por casualidad.

Rose había grabado la melodía años antes.

Margaret debía enseñársela al niño cuando llegara el momento.

Todo había sido preparado.

Pero había algo que no encajaba.

Noah insistía en que había hablado con una mujer dentro de la habitación.

Y Margaret seguía desaparecida.

Entonces Ethan encontró sangre junto a la puerta lateral.

Un pequeño rastro llegaba hasta el jardín trasero.

Clara miró a Noah.

—¿La mujer que viste era anciana?

El niño negó lentamente.

—No.

—¿Era mi madre?

Noah dudó.

—Se parecía mucho a la mujer de las fotos.

Ethan tomó una fotografía de Rose cuando tenía unos treinta años.

Noah la señaló.

—Sí. Era ella.

Clara sintió un escalofrío.

Porque Rose había muerto con cincuenta y cuatro años.

La mujer que Noah describía parecía casi veinte años más joven.

En ese momento, desde abajo, comenzó un grito.

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Un invitado había encontrado a Margaret Carter inconsciente cerca de la entrada del jardín.

Y alguien acababa de abandonar la mansión en el automóvil de Henry Whitmore.

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