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Capítulo 2: El hombre que regresó de un funeral que nunca existió

Richard miró al abogado como si hubiera perdido la razón.

—Estoy vivo.

Daniel negó lentamente.

—Eso es precisamente el problema.

Emma observó a su padre.

Mismo rostro.

Misma voz.

Mismos gestos.

Pero por primera vez, algunos pequeños detalles comenzaron a incomodarla.

Richard había regresado hacía seis meses después de un supuesto viaje de negocios muy largo.

Desde entonces evitaba ciertas fotografías.

Había olvidado el nombre del perro que Emma tuvo de niña.

También dejó de tocar el piano.

Richard siempre había tocado.

Emma nunca lo cuestionó.

Pensó que el estrés lo había cambiado.

Daniel tomó el segundo maletín.

—Necesitamos abrirlo.

Victoria gritó:

—¡No!

Richard giró hacia ella.

—¿Por qué?

—Porque no saben lo que contiene.

—Tú sí.

Victoria no respondió.

Daniel recogió la llave del suelo.

No era únicamente la llave de la caja fuerte.

También abría el maletín.

Dentro había documentos.

Un teléfono.

Fotografías médicas.

Y un informe genético.

Emma tomó una fotografía.

Mostraba a dos hombres.

Ambos tenían el rostro de Richard.

Uno era su padre.

El otro parecía exactamente igual.

—¿Papá tiene un hermano gemelo?

Victoria cerró los ojos.

Richard respondió:

—No.

Daniel lo miró.

—Richard Carter no.

Emma sintió un escalofrío.

El otro hombre se llamaba Michael Carter.

Hermano gemelo de Richard.

Según los registros familiares, Michael había muerto al nacer.

Era mentira.

El abuelo de Emma lo había mantenido oculto.

Michael nació con problemas de salud y fue enviado a vivir con unos parientes.

Décadas después regresó.

Richard lo descubrió hacía tres años.

Al principio quiso incorporarlo a la familia.

Pero Michael resentía toda una vida borrada.

Quería parte de la fortuna Carter.

Richard aceptó negociar.

Después descubrió algo peor.

Michael había comenzado a imitarlo.

Su voz.

Su firma.

Su manera de vestir.

Incluso sus rutinas.

—¿Por qué? —preguntó Emma.

Daniel abrió otro archivo.

—Porque alguien necesitaba un Richard Carter que pudiera firmar sin hacer preguntas.

Emma miró a Victoria.

Su madre empezó a temblar.

Richard había descubierto que Victoria y varios ejecutivos estaban desviando dinero de un fideicomiso familiar.

Necesitaban su autorización.

Richard se negó.

Entonces Michael se convirtió en una solución.

—No —susurró Victoria.

Daniel continuó.

Meses atrás, Richard desapareció durante un viaje.

Hubo un accidente privado.

Daniel recibió información de que había muerto.

Pero nunca apareció un certificado oficial.

Victoria anunció que Richard estaba recuperándose en el extranjero.

Semanas después, “Richard” regresó.

Emma giró lentamente hacia el hombre que había llamado papá durante seis meses.

—¿Tú eres Michael?

El hombre no respondió.

Emma retrocedió.

—Respóndeme.

Él cerró los ojos.

—Sí.

Emma sintió que el mundo desaparecía.

Aquel hombre no era su padre.

Era su tío.

Michael Carter.

Victoria comenzó a llorar.

—No debía durar tanto.

Emma la miró.

—¿Tú sabías?

—Pensé que Richard estaba muerto.

—¿Y decidiste sustituirlo?

Victoria gritó:

—¡No entiendes!

El plan inicial era temporal.

Michael aparecería durante algunas semanas.

Firmaría transferencias.

Después desaparecería.

Victoria diría que Richard había muerto debido a complicaciones médicas.

Pero Michael empezó a disfrutar de la vida.

La casa.

La posición.

Incluso de ser llamado padre.

—¿Y mi verdadero padre? —preguntó Emma.

Daniel respondió:

—Nunca encontramos el cuerpo.

Emma miró la grabación.

“Si estás escuchando esto, alguien en esta casa me reemplazó.”

—Entonces estaba vivo cuando grabó eso.

—Sí.

Richard había sospechado el plan.

Preparó el maletín.

Después desapareció.

Daniel llevaba meses investigando.

—¿Por eso estabas en el armario?

El abogado asintió.

Victoria había escondido el maletín allí.

Daniel entró para recuperarlo.

Pero ella llegó antes de que pudiera salir.

Emma miró a su madre.

—Me golpeaste porque estaba a punto de encontrarlo.

Victoria bajó la mirada.

—Sí.

Emma cerró los puños.

Pero faltaba una pregunta.

—¿Por qué papá dijo específicamente que yo no debía confiar en su rostro?

Daniel abrió el informe genético.

Su expresión cambió.

—Porque el reemplazo no empezó hace seis meses.

Emma frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

Daniel levantó los ojos.

—Richard sospechaba que Michael ya había ocupado su lugar una vez.

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Diecinueve años atrás.

La época en que Emma fue concebida.

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