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Capítulo 1: El hombre escondido entre la ropa de su madre

Emma Carter no debía estar en el dormitorio de sus padres.

Eso fue lo primero que Victoria le gritó.

Pero minutos antes, Emma había escuchado un ruido dentro del vestidor.

Una puerta de madera.

Una respiración.

Después un golpe metálico.

Pensó que alguien había entrado a robar.

Se acercó al armario.

Separó algunos abrigos.

Y entonces vio unos ojos.

Un hombre estaba agachado detrás de la ropa.

Emma retrocedió.

—¿Quién está ahí?

Antes de que pudiera abrir completamente la puerta, Victoria apareció.

—¡No tenías derecho a entrar aquí!

La bofetada llegó de inmediato.

Emma giró la cara por el impacto.

Durante un segundo quedó inmóvil.

Después miró a su madre.

—Entonces dime quién está escondido.

Victoria bloqueó el armario.

—No hay nadie.

Emma agarró el tirador.

—Apártate.

—Emma.

La joven abrió violentamente.

Un hombre cayó casi de rodillas hacia fuera.

Emma lo reconoció.

—¡Daniel!

Daniel Ross era el abogado de la familia.

Había estado en cumpleaños.

Cenas.

Reuniones empresariales.

Incluso había preparado el testamento del abuelo de Emma.

Ahora estaba escondido dentro del dormitorio matrimonial.

—¿Qué haces aquí?

Daniel evitó mirarla.

Victoria intentó intervenir.

—No es lo que parece.

En ese momento se escucharon pasos.

Richard Carter apareció en la puerta con un maletín de cuero.

Acababa de regresar de la oficina.

Se quedó completamente quieto.

—¿Daniel?

El abogado palideció.

Richard entró.

—¿Qué haces en mi habitación?

—Puedo explicarlo.

Emma vio algo en la mano de Daniel.

Metal.

Intentó esconderlo.

Ella golpeó su muñeca.

Una antigua llave de latón cayó al suelo.

Richard la reconoció inmediatamente.

—Esa es la llave de mi caja fuerte.

Victoria perdió el color del rostro.

Emma miró a ambos.

—¿Por qué la tiene él?

Richard tomó el teléfono.

—Voy a llamar a seguridad.

Daniel levantó ambas manos.

—Richard, espera.

—¿Para qué? ¿Para que me expliques por qué estabas dentro de mi armario con la llave de mi caja fuerte?

Daniel miró hacia el interior.

—Porque la caja fuerte ya no importa.

Un teléfono comenzó a vibrar.

Pero ninguno de ellos sostenía otro teléfono.

El sonido venía del fondo del vestidor.

Emma separó los vestidos.

Detrás encontró un segundo maletín.

Exactamente igual al que Richard llevaba en la mano.

—Papá…

Richard lo observó.

—Ese es mío.

—Tú tienes uno aquí.

—No. Ese también es mío.

Emma sacó el segundo maletín.

El teléfono vibraba dentro.

Entonces comenzó a reproducir automáticamente una grabación.

La voz era de Richard.

Perfectamente idéntica.

“Si estás escuchando esto, alguien en esta casa me reemplazó.”

Nadie respiró.

Richard dejó caer lentamente el brazo.

Victoria retrocedió.

Daniel la miró.

No a Richard.

A Victoria.

La grabación continuó.

“Emma es la única persona que no debe confiar en mi rostro.”

Emma sintió frío.

—¿Qué significa eso?

Richard negó.

—Yo nunca grabé esto.

Daniel susurró:

—Sí lo hiciste.

Richard se volvió hacia él.

—¿Cuándo?

Daniel respondió:

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—La noche antes de que murieras.

Y el dormitorio quedó completamente en silencio.

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