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Capítulo 2: «Desde antes de conocerte»

Javier no se movió.

Lucía tampoco.

La puerta seguía abriéndose.

Un centímetro.

Dos.

Tres.

El aire frío del pasillo entró en el dormitorio.

Javier miró hacia el teléfono.

Después hacia la puerta.

Luego hacia Lucía.

—¿Quién está ahí?

Ella no contestó.

—Lucía.

—No preguntes.

—¿Por qué?

—Porque si esa persona sabe que has abierto el mensaje, todo cambia.

Javier apretó el teléfono.

—¿Qué decía?

Lucía bajó la mirada.

—No puedo decírtelo.

—¿Por qué?

—Porque no fui yo quien quería que lo descubrieras.

Javier dio un paso hacia ella.

—¿Quién entonces?

Lucía levantó lentamente la cabeza.

—La persona que te ha estado observando desde antes de que tú supieras que yo existía.

Javier sintió un frío repentino en la espalda.

—¿Me has estado vigilando?

Lucía negó.

—Yo no.

—Entonces ¿quién?

Antes de que Lucía respondiera, la puerta dejó de moverse.

El silencio volvió.

Javier respiró lentamente.

—¿Hay alguien ahí?

Nada.

Solo el sonido distante de Madrid.

Javier avanzó hacia la puerta.

Lucía se levantó de golpe.

—¡No!

Javier se giró.

—¿Por qué?

Lucía se acercó.

—Porque todavía no sabes qué hay al otro lado.

—Entonces dímelo.

—No puedo.

—¡Deja de decir que no puedes!

La voz de Javier retumbó por el dormitorio.

Lucía se estremeció.

Javier inmediatamente bajó el tono.

—Lucía…

Ella respiró profundamente.

—No estoy aquí para hacerte daño.

—Entonces dime la verdad.

—La verdad es que te conocía antes de que tú me conocieras.

Javier la miró fijamente.

—Eso no tiene sentido.

—Lo sé.

—¿Dónde?

Lucía no respondió.

—¿Dónde me conociste?

Ella cerró los ojos.

—En un lugar que tú olvidaste.

Javier se quedó inmóvil.

—¿Qué lugar?

Lucía abrió los ojos.

—El mismo lugar donde alguien decidió cambiar tu nombre.

Javier sintió que algo se rompía dentro de él.

—¿Mi nombre?

Lucía asintió.

—El hombre que conoces como Javier Morales no es el hombre que yo conocí.

Javier negó.

—Eso es imposible.

—Entonces abre otra vez el teléfono.

Javier miró la pantalla.

El mensaje seguía abierto.

No podía leerlo de nuevo.

Pero una imagen había quedado grabada en su memoria.

Una fecha.

Una fecha que no reconocía.

Una fecha que, sin embargo, había provocado aquella reacción.

Javier levantó la mirada.

—¿Qué pasó ese día?

Lucía respondió:

—Desapareciste.

—¿De dónde?

—De la vida de alguien.

—¿De quién?

Lucía se acercó a la ventana.

Las luces de Madrid reflejaron su rostro.

—De la mía.

Javier quedó paralizado.

—Eso no puede ser.

Lucía se giró.

—Para ti no.

Una pausa.

—Para mí ocurrió hace mucho tiempo.

La manilla de la puerta volvió a moverse.

Esta vez desde el exterior.

Javier dio un paso hacia ella.

Lucía retrocedió.

—No abras.

—Ya basta.

—Javier, escucha.

—¡¿Quién está ahí?!

La puerta permaneció cerrada.

Entonces llegó una voz desde el pasillo.

Muy baja.

Casi un susurro.

—Javier.

Él se congeló.

Lucía cerró los ojos.

Aquella voz parecía haber confirmado algo que llevaba años intentando evitar.

Javier miró hacia ella.

—¿Conoces esa voz?

Lucía no respondió.

—Lucía, mírame.

Ella lo hizo.

—¿Quién es?

Lucía tenía lágrimas en los ojos.

Pero no parecía tener miedo de la persona detrás de la puerta.

Parecía tener miedo de lo que Javier pudiera recordar.

—La persona que tú creías que había muerto.

Javier dejó caer lentamente el teléfono sobre la cama.

—¿Quién?

La manilla bajó.

La puerta se abrió unos centímetros.

Una sombra apareció en la abertura.

Javier avanzó.

Lucía lo sujetó del brazo.

—No.

—Tengo que saberlo.

—Todavía no.

—¡Llevo toda la noche sin entender nada!

Lucía apretó los dedos alrededor de su brazo.

—Porque no recuerdas la primera vez que me viste.

Javier la miró.

—¿Cuándo fue?

Lucía tragó saliva.

—Antes de que cambiaras de nombre.

Javier se quedó completamente inmóvil.

La sombra del pasillo se acercó un poco más.

Lucía miró hacia la puerta.

Después hacia Javier.

Y dijo:

—La primera vez que me conociste, tú no eras Javier Morales.

Javier palideció.

—¿Quién era entonces?

Lucía abrió la boca.

Pero no llegó a responder.

La puerta terminó de abrirse.

Una figura permaneció oculta detrás de la oscuridad del pasillo.

Javier levantó lentamente la mirada.

Lucía susurró:

—Ahora ya sabe que lo recuerdas.

La figura dio un paso hacia dentro.

Javier retrocedió.

El teléfono volvió a vibrar sobre la cama.

Una nueva notificación.

Lucía miró la pantalla.

Y por primera vez, el miedo apareció claramente en sus ojos.

Javier se volvió hacia ella.

—¿Qué pasa?

Lucía apenas pudo pronunciar las palabras:

—Ese mensaje no era para ti.

Javier miró el teléfono.

—¿Entonces para quién?

Lucía levantó lentamente los ojos hacia la figura que permanecía en la oscuridad.

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—Para mí.

CORTE A NEGRO.

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