CAPÍTULO 1: LA PREGUNTA QUE LO ROMPIÓ TODO

El salón de baile quedó congelado.
Las risas se apagaron.
Las copas dejaron de tintinear.
Todo comenzó con una niña.
Pequeña. Descalza. Hambrienta.
—¿Cómo te llamas? —preguntó Charles, con la voz rota.
—Emily.
Ese nombre no significaba nada.
Y al mismo tiempo lo significaba todo.
El corazón de Charles golpeó su pecho con violencia.
Porque por un instante… la vio a ella.
A Anna.
—¿Dónde está tu madre?
La niña bajó la mirada.
—Está enferma.
El aire se volvió más pesado.
—¿Qué tan enferma?
Emily dudó.
Luego susurró:
—Los médicos dicen que no le queda mucho tiempo.
El mundo de Charles se quebró en silencio.
Once años.
Once años buscándola.
Y ahora…
—Llévame con ella —dijo.
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Pero su voz ya no era la de un millonario.
Era la de un hombre desesperado.