CAPÍTULO 2 — “Antes no estaba eso ahí”

—Mamá...
Elena se inclinó hacia él.
—¿Qué pasa?
Lucas no respondió inmediatamente.
Miraba debajo del asiento vacío que había señalado unos segundos antes.
—Lucas.
El niño levantó lentamente un dedo.
—Antes no estaba eso ahí.
Marta lo escuchó.
Se volvió hacia el asiento.
Debajo, parcialmente oculto por la oscuridad y las sombras de la cabina, sobresalía algo pequeño.
No se distinguía qué era.
Marta no permitió que Lucas se acercara.
—Quédate sentado.
—No iba a levantarme.
—Bien.
Javier observó desde una distancia prudente.
—¿Lo ves?
Marta asintió.
—Sí.
Elena miró nerviosa a ambos.
—¿Qué es?
—Todavía no lo sabemos —respondió Marta.
Y era verdad.
Podía ser cualquier cosa.
Algo que hubiera caído de un bolso.
Un objeto olvidado por otro pasajero.
Algo completamente inocente.
Pero unido a lo que Lucas acababa de contar, merecía atención.
Marta bajó la voz.
—Javier, avisa al comandante y no...
De repente, Javier dejó de escucharla.
Sus ojos se habían fijado en algún punto detrás de Marta.
—Marta...
Ella reconoció inmediatamente el cambio en su voz.
—¿Qué?
Javier no contestó.
Seguía mirando hacia el fondo del avión.
Marta giró apenas la cabeza, pero desde su posición no podía distinguir qué había llamado su atención.
—Javier, ¿qué estás viendo?
Él dio medio paso hacia el pasillo.
—Espera.
Lucas también intentó mirar.
Elena le sujetó suavemente el hombro.
—Tú te quedas aquí.
Otra ligera sacudida atravesó el avión.
Las luces temblaron durante un instante.
Cuando se estabilizaron, Javier seguía inmóvil.
—¿Es él? —preguntó Marta.
Javier tardó en responder.
—Creo que sí.
—¿El hombre que describió Lucas?
Javier no apartaba los ojos de aquello que estaba observando.
Lucas habló desde su asiento.
—Llevaba una chaqueta gris y una bolsa verde.
Javier respiró lentamente.
—Sí...
Marta mantuvo la voz profesional.
—No hagas nada todavía. Primero tenemos que entender qué está pasando.
Elena abrazó ligeramente a Lucas por los hombros.
—¿Ves? Ahora deja que ellos se encarguen.
Pero Lucas continuaba observando.
Algo no encajaba en sus recuerdos.
—Mamá...
—¿Qué?
—Cuando lo vi antes, llevaba la bolsa colgada.
Elena miró hacia el fondo.
—¿Y?
Lucas señaló el asiento vacío.
—Pero cuando abrió el compartimento...
Se detuvo.
Marta lo miró.
—¿Qué recuerdas?
—Creo que...
El niño cerró los ojos durante un segundo, intentando reconstruir la escena.
—Creo que la bolsa seguía con él después.
Marta frunció ligeramente el ceño.
Entonces aquello que había visto introducir en el compartimento podía ser otra cosa.
O quizá Lucas simplemente estaba mezclando los recuerdos.
No podían saberlo todavía.
Javier continuaba mirando hacia el fondo.
—Marta.
—¿Qué ocurre?
—Hay algo raro.
—¿Con el pasajero?
Javier no respondió.
Marta dio un paso, pero se detuvo cuando una nueva vibración recorrió el fuselaje.
Primero la seguridad.
Siempre.
Esperó.
Cuando el avión volvió a estabilizarse, miró a Javier.
—Dime exactamente qué estás viendo.
Javier respiró profundamente.
—No sé cómo explicarlo.
—Empieza por decirme si es el mismo hombre.
Javier entrecerró los ojos.
—La chaqueta coincide.
—¿Y su cara?
—Desde aquí no puedo verla bien.
Lucas levantó la mirada.
—¿Está sentado?
Javier no contestó.
—¿Está de pie? —preguntó Marta.
Silencio.
Elena comenzó a inquietarse de verdad.
—¿Qué pasa?
Marta respondió con calma:
—Nada que podamos confirmar todavía.
Lucas volvió a mirar el objeto parcialmente oculto debajo del asiento.
Después recordó otra cosa.
—Marta...
Ella se volvió.
—¿Sí?
—Cuando ese señor cambió de sitio, miró hacia atrás antes de levantarse.
—¿Hacia dónde?
Lucas señaló.
No hacia el compartimento.
No hacia el asiento.
Hacia una zona más alejada de la cabina.
La misma dirección en la que Javier estaba mirando ahora.
Marta sintió que algo empezaba a encajar.
Pero todavía faltaban demasiadas piezas.
—Javier.
Él levantó una mano discretamente.
—Espera.
—¿Qué estás viendo?
Javier tragó saliva.
Su expresión había cambiado por completo.
No era pánico.
Era desconcierto.
—Marta...
—Habla.
Javier finalmente apartó la vista durante un segundo y la miró.
—Lucas tenía razón.
Elena apretó el hombro de su hijo.
Marta mantuvo la calma.
—¿Sobre qué?
Javier volvió a mirar hacia el fondo.
—Sobre el hombre.
—¿Está ahí?
Javier asintió apenas.
—Entonces ¿qué ocurre?
Otra pausa.
Marta siguió su mirada, pero un pasajero y varios respaldos le bloqueaban la visión.
—Javier.
Él parecía incapaz de decidir cómo explicar lo que estaba viendo.
—El hombre de la chaqueta gris...
Lucas dejó de moverse.
Elena contuvo la respiración.
Marta lo miró fijamente.
—¿Qué pasa con él?
Javier dio un pequeño paso hacia atrás.
Sus ojos seguían clavados fuera de campo.
Y finalmente comenzó a decir:
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—El hombre de la chaqueta gris está...
CORTE A NEGRO.