CAPÍTULO 2: LA RISA QUE ROMPIÓ EL SILENCIO DE UN HOMBRE ROTO

Tyler fue el primero en acercarse demasiado.
Se inclinó hacia Old Frank, mirando directamente su pierna metálica con una sonrisa burlona.
—“He’s a robot.” —dijo con voz alta, casi orgullosa, como si hubiera hecho una broma brillante.
Sus amigos explotaron en risas.
Uno de ellos se apoyó en el poste de la parada, riendo tanto que casi perdía el equilibrio. El otro imitó una caminata exagerada, cojeando de forma ridícula mientras señalaba la pierna de Frank.
El sonido de sus risas llenó el lugar.
No había respeto.
No había duda.
Solo burla.
—“Better stay home.” —añadió otro joven entre risas, mirando a Frank como si no fuera una persona.
Frank no respondió.
Solo bajó la cabeza lentamente.
Sus ojos se ocultaron bajo la sombra de la gorra.
Pero su silencio no era vacío.
Era pesado.
Sus manos, marcadas por arrugas profundas, se aferraron al borde de su chaqueta como si estuviera sosteniendo algo invisible para no caer.
Su respiración cambió.
Más lenta.
Más difícil.
El pecho subía y bajaba con esfuerzo.
Por un segundo, pareció que quería hablar.
Pero no lo hizo.
Porque ya había aprendido que algunas palabras no cambian nada.
Solo hacen más daño.
Tyler se quedó frente a él, disfrutando la escena.
—Míralo… ni siquiera dice nada —dijo riendo.
Los otros dos jóvenes continuaron burlándose, ahora más confiados, como si el silencio de Frank fuera permiso para seguir.
Y la parada de autobús se convirtió en un escenario.
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Un escenario cruel.
Donde un hombre mayor era el único personaje que no tenía voz.