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Capítulo 2: La Mujer que Todos Creían Muerta Regresó para Revelar por Qué Había Huido con el Último Heredero Blackwood

Una mujer apareció al otro lado del portón.

Llevaba un abrigo oscuro, el rostro cansado y una cicatriz cerca de la sien. Caminaba con dificultad, pero sus ojos permanecían fijos en Leo.

Richard dejó de respirar.

—Elena…

Ella tomó al niño entre sus brazos.

—No debimos venir.

Richard se acercó lentamente.

—Te busqué durante treinta años.

Elena soltó una risa amarga.

—Tu familia se aseguró de que nunca me encontraras.

Los guardaespaldas bajaron la mirada. El guardia que había empujado a Leo permanecía paralizado.

Elena contó la verdad.

Cuando era joven, quedó embarazada de Richard. Pero el padre de él consideraba que una muchacha humilde no era digna del apellido Blackwood.

La amenazó.

Le aseguró que, si no desaparecía, le quitarían al bebé.

Elena huyó sin saber que estaba esperando gemelos.

Uno de ellos murió poco después de nacer.

La otra fue Anna, la madre de Leo.

Richard sintió que las piernas casi no lo sostenían.

—¿Tengo una hija?

Elena negó lentamente.

—Tenías.

Anna había muerto meses atrás después de una larga enfermedad.

Antes de fallecer, entregó el encendedor a Leo y le pidió encontrar a Richard.

No quería dinero.

Solo deseaba que su hijo supiera que no estaba solo.

Richard miró al niño.

Leo sostenía la mano de su abuela, todavía asustado.

—¿Por qué gritaste que corriera? —preguntó Richard.

Elena señaló al jefe de seguridad.

Había reconocido en él al hijo del hombre que años atrás había vigilado su casa y la había obligado a huir.

La investigación comenzó inmediatamente.

Los archivos de la familia confirmaron pagos secretos, cartas interceptadas y documentos falsificados para hacer creer a Richard que Elena lo había abandonado voluntariamente.

Su propio padre había destruido sus vidas para proteger el apellido.

Richard se volvió hacia el guardia que había humillado a Leo.

—Queda despedido.

Después miró a sus abogados.

—Y quiero que investiguen a todos los que participaron en esto.

Leo levantó la mirada.

—Yo no vine para quitarle nada.

Richard se arrodilló frente a él.

—Lo sé.

Le devolvió el encendedor.

—Viniste para devolverme una parte de mi familia que creí perdida.

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Pero recuperar la verdad no sería suficiente.

Richard tendría que demostrar que merecía formar parte de la vida del niño que su familia había rechazado antes incluso de conocerlo.

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