Capítulo 1: El Niño Expulsado de la Mansión y el Encendedor que Hizo Temblar al Hombre Más Poderoso de la Familia

La entrada de la mansión Blackwood parecía una fortaleza.
Altos portones de hierro protegían una larga avenida de piedra, rodeada por jardines perfectamente recortados y cámaras de seguridad. Dentro vivía Richard Blackwood, uno de los empresarios más influyentes del país.
Aquella tarde, un niño de diez años apareció frente al portón.
Se llamaba Leo Carter.
Tenía el cabello castaño desordenado, una pequeña herida en la mejilla y la ropa cubierta de polvo. Llevaba una mochila vieja colgada sobre un hombro.
—Necesito hablar con el señor Blackwood —dijo.
El guardia lo miró con desprecio.
—¿Tú?
Leo asintió.
—Mi mamá dijo que era importante.
El hombre soltó una carcajada.
—Aquí no entra gente como tú.
Leo intentó explicar, pero el guardia lo empujó con fuerza. El niño cayó sobre el camino de piedra y su mochila rodó lejos.
—¡Lárgate! Aquí no entra la basura.
Leo contuvo las lágrimas.
Se arrastró hasta la mochila y la abrió con manos temblorosas. De su interior sacó un viejo encendedor de plata.
Era pequeño, pesado y estaba rayado por los años.
Lo apretó contra su pecho.
En ese momento, una camioneta negra se detuvo frente a la mansión.
Richard Blackwood descendió acompañado por varios guardaespaldas.
Iba a pasar de largo cuando vio el encendedor.
Se quedó inmóvil.
—¿Dónde conseguiste eso?
Leo levantó la mirada.
—Mi mamá dijo que solo usted sabría de quién era.
Richard tomó el objeto con cuidado.
Al abrirlo, descubrió una inscripción en el interior:
“Para Richard. Hasta que podamos volver a casa. Elena.”
El color desapareció de su rostro.
Elena Carter había sido el gran amor de su juventud.
La mujer que desapareció treinta años atrás sin dejar una explicación.
Richard miró al niño.
Los mismos ojos.
La misma forma de fruncir el ceño.
—Si este encendedor era de tu madre… entonces ella…
Antes de que pudiera terminar, una voz femenina gritó desde fuera del portón:
—¡Leo, corre!
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El niño y Richard giraron al mismo tiempo.
Y el hombre comprendió que el pasado que había buscado durante décadas acababa de regresar para enfrentarlo.