Capítulo 2: La Ficha Negra Abrió la Sala Privada y Reveló Años de Fraude, Abusos y Partidas Manipuladas

Arthur Collins no era un jugador común.
Treinta y cinco años atrás había fundado el Golden Crown junto con su esposa, Eleanor. Después de la muerte de ella y de varios problemas de salud, se alejó de la administración y dejó el casino bajo el control de una junta directiva.
Durante meses recibió cartas anónimas de trabajadores.
Hablaban de propinas robadas, empleados despedidos injustamente, clientes engañados y partidas manipuladas en las salas privadas.
Arthur decidió regresar sin anunciarse.
Quería comprobar personalmente cómo trataban a alguien cuando creían que no tenía autoridad.
Lo había descubierto antes de terminar su primera noche.
El gerente intentó recuperar la calma.
—Señor Collins, no sabíamos que vendría.
—Ese era el propósito.
Arthur señaló a Ethan.
—Acaba de despedir al único empleado que reaccionó cuando mi vida estuvo en peligro.
—Abandonó su puesto y alteró una mesa exclusiva.
—Una mesa puede detenerse. Un corazón, no siempre.
Arthur pidió que abrieran la sala privada del nivel superior.
La ficha negra contenía un pequeño mecanismo magnético que permitía acceder al antiguo despacho de los fundadores.
Cuando las puertas se abrieron, los ejecutivos encontraron archivadores, registros originales y un sistema de respaldo que Arthur había mantenido fuera de la red principal.
Los auditores compararon aquellos documentos con las cuentas actuales.
Las diferencias eran enormes.
El gerente y varios directivos habían desviado millones de dólares mediante empresas falsas. También retenían parte de las propinas de los empleados y registraban las diferencias como gastos administrativos.
Pero lo más grave estaba en las mesas VIP.
Algunos crupieres habían sido obligados a utilizar dispositivos ocultos para manipular resultados y beneficiar a jugadores relacionados con los directivos.
Cuando un empleado se negaba, era acusado de robo y despedido.
Ethan recordó entonces a una compañera llamada Maria, expulsada meses atrás después de denunciar movimientos extraños en la sala privada.
—Ella dijo que las mesas estaban arregladas —murmuró.
El gerente lo miró con odio.
—No sabes de qué estás hablando.
Arthur entregó a los auditores una grabación recuperada del sistema antiguo.
En ella aparecía el gerente ordenando alterar una ruleta y diciendo:
—Mientras Arthur siga lejos, este lugar nos pertenece.
El silencio fue absoluto.
—Confundió administrar mi casino con apropiarse de él —dijo Arthur.
El gerente intentó escapar hacia el ascensor.
Seguridad bloqueó su camino.
La policía llegó poco después.
Varios directivos fueron detenidos por fraude, manipulación de juegos, falsificación y robo de salarios.
Antes de ser llevado, el gerente señaló a Ethan.
—Todo esto ocurrió porque tú no obedeciste.
Arthur respondió con serenidad:
—No. Esto terminó porque él recordó que una vida humana vale más que una orden absurda.
Después tomó la identificación que el gerente había arrancado del uniforme de Ethan y se la devolvió.
—No estás despedido.
Ethan bajó la mirada.
—Solo hice lo correcto.
—Lo hiciste sin saber mi nombre.
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Arthur apoyó una mano sobre su hombro.
—Eso es precisamente lo que este lugar había olvidado.