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Capítulo 1: El Anciano Cayó Entre las Fichas y Solo un Empleado Se Atrevió a Detener la Mesa VIP

El casino Golden Crown brillaba como un palacio en medio de Las Vegas.

Las lámparas de cristal iluminaban los suelos de mármol, las máquinas tragamonedas sonaban sin descanso y cientos de invitados elegantes apostaban grandes sumas bajo una cálida luz dorada.

En la zona VIP, las copas de champán circulaban entre empresarios, celebridades y jugadores conocidos por gastar fortunas en una sola noche.

Ethan Brooks trabajaba allí como mesero.

Tenía veinticuatro años, vestía camisa blanca, chaleco negro y pajarita. Necesitaba aquel empleo para pagar sus estudios de enfermería y ayudar a su madre, por lo que soportaba en silencio los gritos del gerente y las humillaciones de algunos clientes.

Aquella noche llevaba una bandeja de bebidas cerca de la mesa de ruleta cuando vio a Arthur Collins llevarse una mano al pecho.

El anciano tenía setenta y tres años, vestía un esmoquin gris y estaba sentado frente a una montaña de fichas.

Intentó levantarse.

Pero perdió el equilibrio.

Las fichas se dispersaron por el suelo mientras Arthur caía junto a la mesa.

Los invitados gritaron.

Algunos retrocedieron.

Otros levantaron sus teléfonos para grabar.

Ethan dejó caer la bandeja y corrió hacia él.

Se arrodilló, aflojó su corbata y comprobó su respiración.

—¡Llamen a los paramédicos!

El gerente del casino apareció furioso y lo sujetó por el hombro.

—¡Aléjate! ¡No arruines la mesa VIP!

Ethan lo miró horrorizado.

—¡Puede morir si nadie actúa!

—Seguridad se encargará.

—Todavía no están aquí.

Ethan se soltó y continuó ayudando al anciano. Lo colocó de lado, pidió espacio y permaneció hablándole para evitar que perdiera el conocimiento.

Arthur abrió lentamente los ojos.

Sus dedos se cerraron alrededor de la muñeca del joven.

—Gracias… muchacho.

Los paramédicos llegaron pocos minutos después.

Pero el gerente no mostró alivio.

Solo observó el champán derramado, las fichas por el suelo y a los clientes grabando.

—¡Estás despedido! —gritó—. ¡Has causado un escándalo delante de nuestros mejores jugadores!

Ethan se puso de pie lentamente.

Necesitaba aquel trabajo.

Aun así, respondió:

—Lo volvería a hacer.

Arthur escuchó cada palabra.

Todavía débil, introdujo una mano en el bolsillo interior de su chaqueta y sacó una vieja ficha negra, desgastada en los bordes.

La colocó sobre la ruleta.

El gerente dejó de sonreír.

Arthur levantó la mirada.

—Llamen a la sala privada. Ahora.

Los guardias de seguridad reconocieron la ficha y se pusieron firmes.

Varios ejecutivos comenzaron a acercarse apresuradamente.

Arthur deslizó la ficha hacia ellos.

—Ha llegado el momento de recordar quién controla realmente este casino.

El rostro del gerente perdió todo color.

Porque aquella ficha no se entregaba a los jugadores.

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Solo existían tres.

Y una pertenecía al fundador desaparecido del Golden Crown.

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