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Capítulo 2: El nombre que nunca le perteneció

El centro comercial fue cerrado.

La policía revisó las cámaras.

Pero algo no cuadraba.

En algunas grabaciones, Jake aparecía patrullando el atrio.

En otras, a la misma hora, otro hombre idéntico caminaba por los corredores de servicio.

Dos personas.

Mismo rostro.

Mismo uniforme.

Misma altura.

Uno de ellos había salvado a Lily.

El otro llevaba semanas observándola.

Victoria exigió respuestas.

El hombre detenido con Lily se llamaba Marcus Vale.

Al principio se negó a hablar.

Pero cuando vio la carta, su expresión cambió.

—Daniel esperaba que esto ocurriera.

Victoria se acercó.

—¿Dónde está mi esposo?

Marcus negó.

—No lo sé.

—Entonces ¿por qué intentabas llevarte a mi hija?

—Porque alguien más lo habría hecho primero.

Victoria no creyó una palabra.

La policía registró sus pertenencias.

Encontraron fotografías de Lily, Victoria y Jake.

También varias imágenes antiguas de Daniel.

En una de ellas aparecía un joven Daniel junto a dos hombres idénticos entre sí.

Uno de ellos era Jake.

O al menos tenía su rostro.

La fotografía estaba fechada nueve años atrás.

Pero Jake aseguraba tener veintiocho años y nunca haber conocido a Daniel.

La policía localizó al segundo hombre idéntico.

Se llamaba Aaron Miller.

Era hermano gemelo de Jake.

O eso afirmaban los documentos.

Aaron aseguró que Jake no era su verdadero nombre.

Ambos habían crecido bajo identidades falsas.

Su padre trabajó durante años para una empresa de seguridad privada llamada Sentinel Division.

La compañía reclutaba parejas de gemelos para entrenarlos como sustitutos operativos.

Uno podía ocupar el lugar del otro en vigilancia, infiltración o protección.

Daniel Carter contrató a Sentinel cinco años atrás.

Había descubierto una red criminal dentro de su propio grupo empresarial.

Necesitaba protección.

También necesitaba alguien que pudiera reemplazar discretamente a sus escoltas.

Jake y Aaron fueron asignados a él.

—Entonces conocían a Daniel —dijo Victoria.

Aaron asintió.

—Más de lo que usted cree.

Jake había desarrollado una relación cercana con Daniel.

Aaron permanecía en segundo plano.

La noche de la desaparición, Daniel descubrió que alguien dentro de Sentinel lo había vendido.

Intentó huir.

Los hermanos ayudaron a sacarlo de la ciudad.

Pero fueron perseguidos.

Hubo un accidente.

Daniel desapareció.

Jake sufrió heridas graves.

Aaron fue separado de él.

—¿Quién decidió llamarlo Jake Miller? —preguntó Victoria.

Aaron bajó la mirada.

—Ese nombre pertenecía a otro agente.

Jake perdió parte de la memoria después del accidente.

Sentinel aprovechó la situación.

Le dio una identidad nueva.

Después lo colocó como guardia en este centro comercial para vigilar a Victoria sin que él supiera por qué.

—¿Y tú?

—Yo escapé.

Durante cinco años, Aaron intentó descubrir qué ocurrió con Daniel.

Entonces encontró una grabación.

En ella Daniel explicaba que si algo le sucedía, una carta debía llegar a Victoria.

La frase “No confíes en el hombre que salvó a nuestra hija” no hablaba necesariamente de Jake.

Hablaba de cualquiera que estuviera usando su rostro.

Por eso la carta era una advertencia.

Daniel sabía que los gemelos podían ser intercambiados.

Y sabía que alguien más estaba usando aquella identidad.

Victoria miró a Lily.

—¿Cuál de los dos te salvó?

Lily observó fotografías de Jake y Aaron.

Negó lentamente.

—No sé.

Entonces recordó algo.

—El que me salvó tenía sangre en la manga.

Los agentes revisaron cámaras posteriores.

Un hombre idéntico a Jake había entrado en un baño de servicio.

Minutos después salió sin la chaqueta.

Dentro encontraron sangre.

Y un teléfono desechable.

Tenía un solo mensaje.

“Objetivo fallido. La niña sigue con Victoria.”

Aaron leyó la pantalla.

—Eso no es de Jake.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque el tercero siempre escribe así.

Todos quedaron inmóviles.

—¿Qué tercero?

Aaron respiró profundamente.

Sentinel no había trabajado solo con gemelos.

Años atrás desarrolló una operación llamada Mirror Three.

Tomaban a dos gemelos idénticos y entrenaban a un tercer hombre mediante cirugía reconstructiva, voz y gestos para parecerse a ellos.

Un sustituto perfecto.

El tercer “Jake” se llamaba Lucas Kane.

Y había sido el hombre que traicionó a Daniel.

En ese instante, la radio volvió a activarse.

Una voz habló.

—Aaron, siempre hablas demasiado.

Victoria miró alrededor.

Jake apareció al final del corredor.

O alguien con su rostro.

Tenía una herida en el brazo.

—No soy Lucas —dijo.

Aaron levantó su arma.

—Demuestra quién eres.

El hombre sonrió tristemente.

—Daniel me dijo que si algún día esto ocurría, Victoria sabría qué preguntar.

Victoria se acercó.

—¿Qué debo preguntar?

El hombre respondió:

—Pregúntame qué había detrás de la puerta roja.

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Victoria sintió un escalofrío.

Solo Daniel y ella conocían aquella frase.

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