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Capítulo 1: El hombre que sabía demasiado

El centro comercial Westbridge Plaza estaba lleno aquella tarde.

La luz entraba por los enormes tragaluces y se reflejaba sobre el mármol pulido mientras decenas de personas caminaban entre tiendas de lujo, cafeterías y escaparates de cristal.

Jake Miller trabajaba como guardia de seguridad.

Tenía veintiocho años, uniforme azul marino, radio al hombro y una forma tranquila de observar a la gente sin llamar demasiado la atención.

Por eso vio algo que los demás ignoraron.

Una niña caminaba hacia una salida restringida acompañada por un hombre de traje gris oscuro.

No parecía que fueran juntos.

El hombre sujetaba con demasiada fuerza su brazo.

La niña intentaba soltarse.

Jake cambió de dirección y corrió.

—¡Suelte a la niña!

El desconocido se detuvo.

Tenía unos cuarenta años, gafas elegantes y una expresión casi demasiado calmada.

—Soy de la familia.

Jake miró a la niña.

—¿Lo conoces?

Lily Carter, de ocho años, negó rápidamente.

—¡No lo conozco!

Jake la colocó detrás de él.

Activó la radio.

—Seguridad a la salida norte.

El hombre dio un paso adelante.

—Está cometiendo un error.

Jake no se movió.

—Hasta que su madre llegue, ella no sale con usted.

En ese momento apareció el gerente del centro comercial.

Robert Hale reconoció al desconocido.

Era un cliente VIP.

Alguien que llevaba meses asistiendo a reuniones privadas con varios propietarios.

—¡Suelta al cliente ahora mismo!

Jake lo miró.

—La niña tiene miedo.

Robert arrancó la placa del uniforme de Jake.

—¡Estás despedido! ¡Fuera!

Jake permaneció delante de Lily.

—Primero asegúrese de que ella esté a salvo.

La multitud comenzó a reunirse.

Dos guardias llegaron.

El extraño intentó retroceder.

Pero en ese instante, una mujer atravesó la gente corriendo.

—¡Lily!

Victoria Carter abrazó a su hija.

—¿Estás bien?

Lily asintió.

—Él intentó llevarme.

La policía sujetó al desconocido.

Victoria miró a Jake.

—Gracias.

Pero Lily sacó algo de su cárdigan.

Una carta doblada.

—El hombre me dijo que papá quería que te la diera.

Victoria se quedó inmóvil.

Daniel Carter, su esposo, llevaba desaparecido cinco años.

Su vehículo había sido encontrado abandonado junto a un bosque.

Nunca encontraron su cuerpo.

Victoria abrió la carta.

Reconoció la letra inmediatamente.

—Es de Daniel.

Sus manos comenzaron a temblar.

Leyó la primera frase en silencio.

Después susurró:

—“No confíes en el hombre que salvó a nuestra hija.”

Nadie habló.

Todos miraron a Jake.

Pero Jake ya no estaba allí.

Su radio permanecía sobre el suelo.

Lily observó el pasillo vacío.

—Mamá… él sabía mi nombre antes de que yo se lo dijera.

El radio emitió estática.

Después se escuchó la voz de Jake.

—Victoria, si estás leyendo la carta… ya nos encontraron.

Ella recogió la radio.

—¿Quién eres?

Otra voz masculina interrumpió.

—Pregúntale quién era antes de llamarse Jake Miller.

Victoria levantó la mirada.

En la planta superior, detrás de una barandilla de cristal, había otro guardia.

Tenía exactamente el mismo rostro que Jake.

Lily palideció.

—Ese es el hombre que me salvó.

Victoria miró el corredor donde había desaparecido el primero.

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Después el balcón.

Por primera vez comprendió que tal vez nunca había sabido cuál de los dos era realmente Jake.

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