Capítulo 1: La niña que lloraba detrás del espejo

El supermercado Crown Bell era conocido por su lujo silencioso.
Los suelos de mármol parecían espejos, las vitrinas estaban iluminadas como galerías de arte y enormes paneles decorativos cubrían las paredes de los pasillos más exclusivos. Entre ellos destacaba un espejo antiguo de casi tres metros de altura, enmarcado con metal dorado y colocado frente a una sección de productos importados.
Ryan Brooks trabajaba allí como encargado de reposición.
Tenía veinticuatro años, vestía un polo azul, delantal negro y guantes de trabajo. Aquella tarde empujaba un carro de cajas cuando escuchó tres golpes débiles.
Se detuvo.
Los compradores seguían caminando sin prestar atención.
Entonces volvió a oírlo.
Golpe.
Golpe.
Golpe.
Ryan se acercó al enorme espejo y apoyó el oído contra el cristal.
Desde el otro lado llegó un sollozo.
—¡Ayúdame!
Era una niña.
Ryan recorrió el marco con las manos buscando una puerta o un mecanismo oculto, pero no encontró nada. Golpeó el espejo.
—¿Puedes oírme?
—Sí… está muy oscuro.
La voz temblaba.
Ryan llamó por radio al gerente.
Nadie respondió.
Miró alrededor y tomó un soporte metálico de una exhibición.
—Aléjate del cristal.
Golpeó el centro del espejo.
Una larga grieta atravesó la superficie.
Algunos clientes gritaron y retrocedieron.
Ryan volvió a golpear.
El cristal estalló sobre el suelo de mármol.
Detrás no había una pared.
Había una cavidad estrecha y oscura.
Ryan apartó los fragmentos con sus guantes y metió los brazos en el hueco. Encontró a Lily Carter, una niña de siete años con sudadera rosa pálida y falda blanca.
Estaba temblando.
Apretaba contra el pecho una vieja muñeca de tela.
Ryan la sacó con cuidado.
—Tranquila, ya estás fuera.
Lily se aferró a él sin soltar la muñeca.
En ese momento apareció el gerente.
No preguntó qué había ocurrido.
No miró primero a la niña.
Solo contempló el espejo destruido.
—¡Acabas de destruir una instalación carísima!
Ryan señaló el espacio oculto.
—¡Había una niña atrapada ahí!
El gerente se acercó, arrancó la identificación del uniforme de Ryan y la sostuvo en su mano.
—¡Estás despedido! ¡Fuera!
Ryan no retrocedió.
—Lo volvería a hacer.
Varios guardias aparecieron, pero antes de que pudieran sacarlo, una mujer atravesó la multitud.
Victoria Carter llevaba un elegante traje azul marino. Su expresión firme desapareció en cuanto vio a Lily.
—¡Hija!
Se arrodilló y la abrazó.
Lily comenzó a llorar con más fuerza.
—Pensé que no ibas a encontrarme.
Ryan tomó con cuidado la muñeca para revisar si la niña tenía heridas en las manos.
Victoria la vio.
Su rostro perdió todo color.
—No puede ser…
Lily señaló el hueco del espejo.
—La encontré allí adentro.
Victoria recibió la muñeca con manos temblorosas.
Tenía una cinta descolorida en el cabello y una pequeña pulsera de metal alrededor de la muñeca derecha.
Victoria la reconocía.
Había pertenecido a su hija cuando era bebé.
Pero desapareció la misma noche en que su esposo, Daniel Carter, abandonó la casa sin dejar rastro.
—Esta muñeca desapareció la noche en que mi esposo se fue.
Ryan observó un pliegue extraño en el vestido.
Sacó un papel doblado y se lo entregó.
Victoria lo abrió.
Solo había tres palabras:
“Sigue aquí dentro.”
Antes de que pudiera explicar su significado, Lily señaló hacia la oscuridad.
—Mamá… alguien estaba conmigo.
Todos miraron el espacio oculto.
Una silueta masculina se movió detrás de la pared.
El espejo roto reflejó durante un segundo parte de un rostro.
Victoria dejó de respirar.
Se parecía a Daniel.
Entonces una voz baja surgió desde el interior.
—Victoria…
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Las luces parpadearon.
La figura desapareció en la oscuridad.