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Capítulo 2: El hermano que había desaparecido con dos encendedores

Los guardias encendieron sus linternas y entraron en la bodega.

Emma permaneció junto a Lily mientras Victoria avanzaba detrás de ellos, sujetando con fuerza el encendedor de plata.

La figura había desaparecido.

En el fondo encontraron una puerta de servicio abierta y un estrecho corredor que conducía hacia los almacenes subterráneos.

Richard intentó impedirles el paso.

—Esa zona es peligrosa.

Victoria se volvió hacia él.

—Usted sabía que existía.

—Soy el gerente. Conozco el edificio.

—Entonces también sabía que alguien podía entrar en la bodega sin utilizar la puerta principal.

Richard guardó silencio.

La policía llegó pocos minutos después. Mientras varios agentes revisaban el corredor, Victoria llevó a Lily a una sala privada.

—Cuéntame exactamente qué ocurrió.

La niña respiró con dificultad.

Una mujer la había separado de su madre cerca de la sección de flores. Le dijo que Victoria la esperaba en una sala especial.

Cuando Lily entró en la bodega, un hombre cerró la puerta.

Ella solo alcanzó a ver parte de su rostro.

—¿Era el hombre que apareció entre el humo?

Lily negó.

—El que me encerró era más viejo. Tenía una cicatriz aquí.

Señaló su mejilla.

—¿Y el otro hombre?

—Entró después. Intentó apagar el fuego, pero alguien lo golpeó. Me dijo que hiciera ruido hasta que alguien me escuchara.

Emma comprendió que el hombre de la silueta quizá no era el secuestrador.

Podía haber intentado salvarla.

Los agentes encontraron sangre en el corredor y un trozo de tela oscura atrapado en una puerta metálica. También descubrieron una habitación oculta con fotografías de Victoria, Lily y varios miembros de su familia.

En el centro había una imagen de Adrian Carter.

El hermano menor de Victoria había desaparecido siete años atrás durante un viaje de negocios.

La policía encontró su automóvil abandonado cerca de un río, pero nunca recuperó el cuerpo.

Adrian era investigador financiero.

Antes de desaparecer, intentaba demostrar que varias empresas utilizaban supermercados y bodegas privadas para ocultar mercancía robada, dinero y documentos falsificados.

Richard había trabajado con él.

—¿Qué relación tenía con mi hermano? —preguntó Victoria.

El gerente afirmó que apenas lo conocía.

Emma recordó entonces el terror que mostró cuando vio el encendedor.

No era la reacción de alguien que había visto un objeto antiguo.

Era la reacción de alguien que sabía que no debía volver a aparecer.

La policía revisó las cámaras del establecimiento.

Las grabaciones de la bodega habían sido borradas durante doce minutos.

La eliminación se realizó desde la oficina de Richard.

—Alguien utilizó mi contraseña —se defendió.

Los agentes registraron su despacho.

En un cajón encontraron fotografías de Adrian tomadas después de su desaparición.

En una aparecía encerrado en una habitación.

En otra llevaba una venda en la cabeza.

Victoria estuvo a punto de perder el control.

—¿Dónde está mi hermano?

Richard insistió en que no sabía nada.

Pero Emma descubrió algo dentro de la bodega.

El encendedor que sostenía Victoria no producía fuego.

Al presionar la base, se abría un pequeño compartimento con una tarjeta de memoria.

El segundo encendedor seguramente contenía otra parte de la información.

Los archivos revelaron que Adrian había descubierto una red dirigida por personas cercanas a la familia Carter. La organización falsificaba testamentos, provocaba desapariciones y transfería fortunas utilizando identidades de personas muertas.

Adrian reunió pruebas.

Pero alguien lo traicionó.

La última grabación mostraba a Adrian hablando con Richard.

—Si algo me ocurre, Victoria debe recibir los dos encendedores.

Richard respondió:

—No llegará a saberlo.

El gerente dejó de fingir.

Intentó escapar por una salida trasera, pero la policía lo detuvo.

Durante el interrogatorio admitió haber ayudado a secuestrar a Adrian siete años atrás.

Sin embargo, aseguró que no fue quien lo mantuvo cautivo.

—Yo solo preparé el vehículo y borré las cámaras —dijo—. Otra persona dio las órdenes.

—¿Quién? —preguntó Victoria.

Richard miró hacia la puerta con miedo.

—Alguien de su familia.

Antes de poder decir el nombre, todas las alarmas del supermercado comenzaron a sonar.

En la bodega, una botella cayó de un estante sin que nadie la tocara.

Detrás apareció un mensaje marcado sobre la madera:

“Busca bajo la casa donde Adrian aprendió a encender fuego.”

Victoria reconoció inmediatamente la referencia.

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Era la antigua casa de verano de la familia.

El lugar donde ella y Adrian habían pasado su infancia.

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