flashbuzz

Capítulo 2: El hombre que conocía al padre muerto de Mateo

La puerta del café se abrió.

Entró un hombre de unos cincuenta años.

Traje oscuro.

Abrigo negro.

Cabello gris en las sienes.

Dos personas permanecieron afuera junto al automóvil.

Don Julián lo miró.

—Héctor.

Mateo observó de uno a otro.

—¿Se conocen?

El recién llegado miró la chaqueta que llevaba Julián.

Después a Mateo.

—¿Es él?

Don Julián no respondió.

Héctor sí.

—Tiene los ojos de Miguel.

Mateo se levantó.

—¿Conoció a mi padre?

Héctor y Julián intercambiaron una mirada.

Su padre había muerto cuando Mateo tenía cuatro años.

Su madre siempre dijo que Miguel había trabajado como mecánico y falleció en un accidente de carretera.

Eso era todo.

—Tu padre no era mecánico cuando yo lo conocí —dijo Julián.

Miguel Serrano había sido ingeniero financiero.

Trabajó durante años para Vega Capital, la empresa fundada por Don Julián.

Era brillante.

Y era el hombre en quien Julián más confiaba.

Hasta que descubrió algo que nunca debió encontrar.

Millones de euros estaban desapareciendo mediante compañías falsas.

Los documentos llevaban a un miembro de la familia Vega.

Héctor.

Mateo miró al hombre del traje.

—¿Usted robaba?

Héctor negó.

—Eso creyó tu padre.

Julián golpeó suavemente el suelo con el bastón.

—Miguel tenía pruebas.

Antes de poder entregarlas a las autoridades, desapareció.

Semanas después, su automóvil apareció destrozado.

La familia recibió la noticia de su muerte.

Pero algo nunca encajó.

No hubo cuerpo.

Mateo sintió frío.

—Mi madre dijo que hubo un funeral.

—Hubo un ataúd —respondió Julián—. No es lo mismo.

Mateo se quedó inmóvil.

El gerente, que seguía escuchando, olvidó completamente el despido.

Julián continuó.

Después de la supuesta muerte de Miguel, la esposa de este abandonó Madrid con Mateo.

Julián intentó encontrarlos.

No pudo.

Alguien había borrado registros.

Cambios de dirección.

Historias laborales.

Incluso documentos hospitalarios.

—¿Por qué buscaba a mi familia? —preguntó Mateo.

Julián metió la mano en su cartera.

Sacó una vieja fotografía.

Miguel aparecía junto a él.

Y entre ambos había una mujer joven.

Mateo reconoció a su madre, Isabel.

—Ella trabajaba también para mí.

Mateo tomó la foto.

—Nunca me dijo eso.

Porque Isabel había prometido protegerlo.

Miguel no solo había descubierto el fraude.

Había encontrado un documento relacionado con Mateo.

Un fideicomiso.

Don Julián había creado años atrás un fondo para los hijos de sus empleados más cercanos.

Miguel tenía una participación especial.

Si algo le ocurría, esa participación pasaría a su hijo.

—¿Cuánto? —preguntó Mateo.

Julián negó.

—Eso no importa todavía.

Héctor rio.

—Importa mucho. Por eso estamos todos aquí.

Mateo lo miró.

—¿Qué quiere decir?

Héctor sacó una carpeta.

Miguel no había sido simplemente empleado de los Vega.

Había sido hijo biológico de Julián.

Silencio.

Mateo miró al anciano.

—¿Mi padre era su hijo?

Don Julián cerró los ojos.

—Sí.

Décadas atrás, Julián tuvo una relación con una mujer llamada Carmen Serrano.

Ella quedó embarazada.

Julián estaba casado.

La familia ocultó todo.

Miguel creció con el apellido de su madre.

Julián lo ayudó económicamente desde lejos.

Años después lo contrató.

Solo entonces le confesó la verdad.

—Entonces usted es…

Mateo no terminó.

Julián lo hizo.

—Tu abuelo.

Mateo retrocedió.

El gerente dejó caer lentamente el pedazo del delantal.

Pero Héctor no parecía sorprendido.

Era hijo legítimo de Julián.

Eso convertía a Miguel en su medio hermano.

Y a Mateo en heredero de una parte de Vega Capital.

—Por eso no quería que viniera —dijo Mateo mirando a Héctor.

Don Julián guardó silencio.

Héctor respondió:

—Porque cree que yo maté a tu padre.

Mateo sintió que el corazón se detuvo.

—¿Lo hizo?

Héctor lo miró.

—No.

May you like

Después observó a Julián.

—Pero sé quién lo hizo.

Related Stories

Other posts