Capítulo 2: Los tres hombres que compartían un solo rostro

Cuando regresó la iluminación principal, el tercer hombre había desaparecido.
El segundo tampoco estaba entre la multitud.
Solo permanecía el primero, rodeado por policías y guardias.
Victoria recogió la fotografía del suelo.
—Dime quién eres.
El hombre levantó lentamente las manos.
—Mi nombre es Adrian Vale.
—Tienes el rostro de mi esposo.
—Porque Daniel y yo fuimos creados para parecernos.
Emma, que seguía junto a Noah a pesar de haber sido despedida, observó al desconocido con atención.
Adrian explicó que Daniel había trabajado antes de su matrimonio para una organización llamada Helix Group.
Oficialmente era una empresa de investigación médica.
En realidad, desarrollaba técnicas de reconstrucción facial, modificación de voz y sustitución de identidad para clientes privados.
Políticos, empresarios y testigos protegidos pagaban grandes fortunas por crear dobles capaces de ocupar su lugar temporalmente.
Daniel no había sido uno de los pacientes.
Había sido uno de los investigadores principales.
—¿Por qué construiría hombres con su propio rostro? —preguntó Victoria.
Adrian guardó silencio unos segundos.
Daniel descubrió que Helix estaba utilizando la tecnología para reemplazar personas sin su consentimiento.
La empresa secuestraba a individuos con acceso a fortunas, secretos industriales o puestos importantes. Después creaba dobles entrenados para imitar su comportamiento.
Daniel reunió pruebas para denunciarlo.
Antes de hacerlo, creó tres rostros idénticos al suyo.
Quería infiltrarse en la organización y confundir a quienes lo perseguían.
Adrian era uno de ellos.
—¿Y los otros dos? —preguntó Emma.
—Uno se llama Julian. El tercero nunca conoció otro nombre que Número Siete.
Victoria apretó la fotografía.
—¿Dónde está Daniel?
—No lo sé.
Seis años atrás, Daniel pidió a los tres dobles que acudieran a lugares diferentes con su documentación. Quería que Helix creyera que él había escapado en varias direcciones.
Después desapareció.
Adrian fue capturado.
Julian logró huir con el anillo de Daniel.
Número Siete continuó trabajando para Helix.
—¿Intentabas secuestrar a Noah? —preguntó uno de los policías.
Adrian negó.
—Intentaba sacarlo del centro comercial antes de que llegaran los otros.
Noah se escondió detrás de Emma.
—Me agarraste muy fuerte.
Adrian bajó la mirada.
—Porque no tenía tiempo para explicarlo. Lo siento.
Victoria no mostró compasión.
—No vuelvas a tocar a mi hijo.
La policía registró las cámaras del centro comercial.
Las grabaciones mostraban algo inquietante.
Durante las últimas tres semanas, tres hombres con el rostro de Daniel habían entrado en el edificio en horarios distintos.
Uno vigilaba a Noah cerca de la escuela.
Otro visitaba la oficina del gerente.
El tercero entraba por corredores de servicio y eliminaba registros de seguridad.
Charles Morgan, el gerente, comenzó a sudar.
Emma lo notó.
—Usted conocía a alguno de ellos.
—No sé de qué hablas.
Los agentes revisaron su teléfono.
Había recibido mensajes de un contacto guardado como D. Carter.
Uno decía:
“El niño debe salir por la entrada norte a las cuatro.”
Otro:
“La guardia de seguridad intervendrá. Despídela inmediatamente.”
Emma lo miró.
—Sabía que alguien intentaría llevárselo.
Charles retrocedió.
—Me pagaron para facilitar una reunión. Me aseguraron que era el padre.
—Y cuando Noah dijo que no lo conocía, intentó expulsarme.
El gerente fue esposado.
Victoria observó los mensajes.
Todo había sido preparado.
Alguien sabía que Adrian se acercaría a Noah.
Sabía que Emma intervendría.
Y sabía que Victoria llegaría con la fotografía familiar.
—Querían reunirnos a todos aquí —dijo Emma.
Adrian asintió.
—Helix necesita algo de Victoria.
La respuesta apareció dentro del marco de la fotografía.
Emma notó que una esquina estaba más gruesa.
Al abrirla, encontraron una tarjeta metálica del tamaño de una moneda.
Contenía un símbolo y una secuencia biométrica.
Adrian la reconoció.
—Es la clave maestra de Helix.
Daniel la había escondido dentro de la fotografía antes de desaparecer.
Victoria la había llevado durante seis años sin saberlo.
La tarjeta permitía acceder a los registros de todos los dobles creados por la organización.
También contenía las ubicaciones de las personas originales que seguían cautivas.
En ese momento, la radio de Emma emitió una voz desconocida.
—Victoria, lleva la tarjeta al estacionamiento subterráneo.
Era la voz de Daniel.
Después se escuchó otra voz idéntica.
—No confíes en el primero que encuentres.
La comunicación se cortó.
Noah señaló el ascensor de cristal.
En el interior descendían dos hombres con el rostro de su padre.
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Uno llevaba el anillo.
El otro sostenía un arma.