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Capítulo 1: El hombre que aseguraba ser su padre

El centro comercial Grand Meridian estaba abarrotado aquella tarde.

La luz entraba por los enormes tragaluces y se reflejaba sobre los pisos de mármol. Familias enteras caminaban entre boutiques de lujo, cafeterías y escaparates de cristal mientras los guardias vigilaban las entradas.

Emma Reed recorría el atrio principal.

Tenía veintiocho años, vestía un uniforme azul marino y llevaba una radio sujeta al hombro. No era la empleada con más experiencia, pero poseía algo que muchos habían perdido con el tiempo: observaba a las personas antes de mirar los reglamentos.

Por eso notó al niño.

Noah Carter, de ocho años, caminaba hacia la salida junto a un hombre alto de traje gris oscuro y gafas elegantes.

A simple vista, parecían padre e hijo.

Pero el hombre no sostenía la mano del niño.

Le apretaba la muñeca.

Noah arrastraba los pies y miraba alrededor como si buscara ayuda sin atreverse a gritar.

Emma cambió de dirección.

Se colocó delante de ellos.

—Señor, suelte al niño.

El hombre se detuvo.

Su expresión permaneció tranquila.

—Soy su padre.

Emma miró a Noah.

El niño respiraba con dificultad y tenía los ojos llenos de lágrimas.

Ella avanzó un paso y lo colocó detrás de su cuerpo.

—¿Es realmente tu padre?

Noah negó con la cabeza.

—No… no lo conozco.

La sonrisa del desconocido desapareció durante una fracción de segundo.

Sus ojos se volvieron fríos.

—Está confundido. Su madre y yo estamos separados.

—Entonces esperaremos a que ella confirme su identidad.

Emma habló por la radio.

Antes de recibir respuesta, apareció el gerente del centro comercial.

Charles Morgan vestía un traje negro y caminaba acompañado por dos empleados. Al ver al hombre elegante rodeado de compradores, asumió de inmediato que se trataba de un cliente importante.

—¿Qué sucede aquí?

—Este hombre intentaba sacar al niño del edificio —explicó Emma—. Noah afirma que no lo conoce.

Charles apenas miró al pequeño.

Se volvió hacia el desconocido.

—¿Es usted su padre?

—Sí.

El gerente señaló a Emma.

—Suelta al cliente y discúlpate.

—El niño está aterrorizado.

—No te he pedido una opinión.

Emma permaneció delante de Noah.

Charles arrancó la identificación de su uniforme.

—¡Estás despedida! ¡Fuera del centro comercial!

—No me moveré hasta que llegue la madre.

El desconocido se quitó lentamente las gafas.

Al hacerlo, varios compradores guardaron silencio.

Su rostro tenía una cicatriz fina cerca de la ceja, pero sus facciones eran elegantes y familiares.

En ese momento, una mujer corrió a través del atrio acompañada por dos policías.

Victoria Carter llevaba un traje beige y una expresión de terror.

—¡Noah!

Se arrodilló y abrazó a su hijo.

—¿Estás herido?

—Ella no dejó que me llevara.

Victoria miró a Emma.

—Gracias por protegerlo.

Después se volvió hacia el desconocido.

La sangre pareció desaparecer de su rostro.

Una vieja fotografía familiar cayó de su bolso.

En ella aparecía Victoria junto a un hombre idéntico.

—Daniel…

El desconocido la observó con tristeza.

—Ha pasado mucho tiempo, Victoria.

—Mi esposo desapareció hace seis años.

El gerente retrocedió.

Conocía el nombre de Daniel Carter.

Había sido uno de los principales inversionistas del centro comercial antes de desaparecer durante un viaje de negocios.

Noah miró la fotografía.

Después observó al hombre.

—Se parece a papá, pero no es el hombre que me siguió.

Todos quedaron inmóviles.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Victoria.

El niño señaló la pared de cristal detrás del desconocido.

En el reflejo apareció otro hombre idéntico caminando entre la multitud.

Llevaba un anillo de boda plateado en la mano izquierda.

El mismo que Daniel había usado el día de su desaparición.

Victoria giró hacia él.

El segundo hombre comenzó a alejarse.

El primero susurró:

—Si él todavía tiene el anillo… entonces llegué demasiado tarde.

Los policías intentaron sujetarlo.

Todas las luces del centro comercial se apagaron.

Noah gritó.

—¡Mamá, ahora hay tres!

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Las luces de emergencia parpadearon.

Una tercera silueta idéntica estaba de pie directamente detrás de Victoria.

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