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Capítulo 2: El Hombre Esposado No Era Samuel y el Pasaporte Ensangrentado Reveló una Traición de Veinte Años

Las luces de emergencia se encendieron en rojo.

Cuando los guardias recuperaron la visión, el detenido seguía arrodillado, pero su expresión había cambiado.

Ya no parecía un anciano cansado.

Parecía alguien esperando una orden.

Elena pidió que nadie se acercara.

—¿Quién es usted?

El hombre no respondió.

Daniel revisó las esposas. Seguían cerradas, pero las manos dentro de ellas eran prótesis de silicona.

Con un movimiento rápido, el desconocido liberó sus verdaderos brazos ocultos bajo el traje y corrió hacia una puerta lateral.

Los guardias lograron derribarlo antes de que escapara.

Al retirarle la máscara encontraron a un hombre mucho más joven.

Se llamaba Adrian Vale, antiguo agente de inteligencia y especialista en suplantación de identidades.

Mientras tanto, el verdadero Samuel fue detenido afuera y llevado al vestíbulo.

Elena lo reconoció inmediatamente por una pequeña cicatriz debajo del ojo izquierdo.

—Pensé que estabas muerto.

—Eso querían que pensaras.

Veinte años atrás, Samuel y Elena trabajaban en una operación diplomática secreta destinada a identificar a funcionarios que vendían nombres de informantes protegidos.

Samuel descubrió que la filtración procedía de la propia embajada.

Antes de entregar las pruebas, fue secuestrado durante una misión en Europa Oriental.

Poco después apareció un pasaporte ensangrentado y un cadáver irreconocible.

Elena firmó el informe que confirmó su muerte.

—Nunca vi el cuerpo —admitió ella.

—Pero aceptaste el informe.

Samuel no lo dijo con rabia.

Lo dijo con dolor.

Había sobrevivido como prisionero durante años. Sus captores intentaron obligarlo a revelar dónde había escondido el sello diplomático original, una pieza que permitía verificar documentos clasificados.

Cuando finalmente escapó, descubrió que varios de los responsables seguían ocupando puestos de poder.

Por eso tardó tanto en regresar.

La grabadora contenía la voz de Michael Carter, esposo de Elena y antiguo jefe de inteligencia de la embajada.

Michael también había muerto oficialmente hacía quince años.

En la siguiente grabación decía:

—El traidor puede alterar cámaras, sellos y archivos. Nunca confíen en una sola imagen.

Daniel ordenó revisar el sistema.

Las cámaras que mostraban a Samuel en el exterior habían sido manipuladas. La grabación correspondía a varios minutos antes.

Alguien dentro del edificio había creado el doble y controlaba la vigilancia.

—¿Quién autorizó a Adrian Vale para entrar? —preguntó Elena.

Los registros mostraron una credencial emitida por Daniel.

Todos lo miraron.

—Yo nunca firmé eso.

Samuel examinó el documento.

—La firma es auténtica.

Daniel quedó pálido.

Recordó haber firmado varios permisos en blanco por orden del director adjunto de la embajada, Thomas Grant.

Elena levantó la mirada.

Thomas era su asesor más cercano.

Había trabajado junto a ella durante dieciocho años.

Y era el único hombre presente tanto durante la desaparición de Samuel como durante la muerte de Michael.

En ese instante, una puerta blindada del piso inferior comenzó a abrirse.

Desde los altavoces llegó la voz de Thomas:

—Embajadora, entregue el sello y nadie más tendrá que morir.

Samuel cerró la caja.

—No quiere únicamente el sello.

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Miró el pasaporte ensangrentado.

—Quiere destruir la prueba de que Michael Carter también sigue vivo.

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